domingo 23 de noviembre del 2008 Columnistas

¡Se acabó la fiesta!

Pobre Correa. A veces, lo que dice contra otros le rebota. Etcétera, por ejemplo, que dice todo el tiempo cuando habla de la larga noche neoliberal que produjo desigualdades sociales, hambre y etcétera, ahora le regresa como un bumerán porque ha bajado el precio del petróleo, han disminuido la remesas de los migrantes, han caído las exportaciones de productos no tradicionales y etcétera.

Otra cosa que dice todo el tiempo cuando se refiere a los malos, es que se les acabó la fiesta. Y ahora resulta que esa frase también regresa contra él porque, pobrecito, parece que a él también se le acabó la fiesta. ¡Qué pena que me da!  Tan  lindo  que  estaba  pasando en sus recorridos por el país durante la larga campaña en que repartía  puentes,  bonos,  carreteras y etcétera. Ahora ya no podrá seguir  repartiendo  etcétera.  Jodido.

Y es que, ¡chuta!, comenzó la crisis. Lo primero que vamos a hacer es no pagar la deuda externa, hasta que el Patiño converse con los intermediarios de los bonos y les filme. ¡Ay no, qué bruto!, eso creo que fue en la otra crisis. Ahora ya creo que le quitaron la cámara al Patiño, por suerte. Bueno, lo cierto es que no pagaremos la deuda hasta que sí paguemos, porque así mismo es el Correa. Al principio se hace el duro pero después se desendura y termina haciendo lo que dijo que no iba a hacer, tal como pasó con las telefónicas, las petroleras del 99 a 1 y etcétera. ¡Híjoles, yo también ya me contagié del etcétera! Ojalá no entre en crisis.

Lo segundo que vamos a hacer es limitar las importaciones que, como decimos los economistas, desangran nuestras divisas y desbalancean nuestra balanza de pagos. Entonces, acostumbrados como hemos estado a comprar todo lo que viene de afuera, ahora vamos a tener que acostumbrarnos solo a comprar lo que nosotros mismos producimos para de esta manera frenar la incontenible hemorragia del flujo de caja. ¡Qué lindo quiablo! No sé si será exacto lo que estoy diciendo, pero precioso me salió el análisis, francamente.

Bueno, lo cierto es que ese va a ser uno de los elementos positivos de la crisis: consumir lo nuestro. Nada de naranjas californianas, sino de Balsapamba; nada de duraznos chilenos, sino de Ambato; nada de jeans Gucci, sino de Pelileo; nada de aviones brasileños, sino de... ¡Híjoles!, ahí sí creo que hay una excepción porque como los aviones no son un producto de comer ni de vestir, constituyen una excepción y sí pueden llegar importados del Brasil, sobre todo si tienen un fin económicamente altruista: permitir que el Presidente pueda, en su jet privado, sobrevolar la crisis para, desde el aire, estar en capacidad de ver exactamente dónde se halla situada, a fin de combatirla en toda su integridad. Los chefs belgas también creo que entran en la excepción de importaciones, porque ya están desaduanizados.

O sea que sí se acabó la fiesta. Pero, como toda fiesta, tiene sus excepciones relacionadas con los bienes de consumo que ora flotan en el aire, ora en la cocina del Presidente.  ¡Qué  amable  que  es  la crisis!
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