Domingo 23 de noviembre del 2008 Política

Francia identifica cultura con gastronomía

PARÍS | Por ELAINE SCIOLINO

Media docena de chefs y expertos culinarios se dedicaron a comer y beber durante las tres horas que duró una sesión de estrategia para ayudar a Francia con una peliaguda tarea. El grupo informal, la Misión Francesa para el Patrimonio Culinario y Cultural, espera convencer a Naciones Unidas de que la gastronomía francesa debe ser declarada tesoro de la humanidad.

Cuando los higos asados, las ciruelas maceradas en vino y el sorbete de Earl Grey llegaron al comedor privado de Guy Savoy, chef con tres estrellas Michelin, los hombres ya estaban profundamente enfrascados en una discusión sobre la magia de la cocina de su país.

“¡Lo es todo!”, exclamó Savoy. “¡Francia es el único país del mundo con una diversidad semejante!”.

Ha elaborado una lista de exquisiteces regionales que considera que deberían ser salvadas, y que incluye los embutidos de Vire, el ajo ahumado de Arleux, y unos caramelos de menta llamados bêtises, de Cambrai.

Mientras tanto, Jean-Robert Pitte, el principal historiador culinario de Francia y presidente del grupo, probaba el arroz con leche con vainilla de Tahití y se ponía nostálgico. “¡Es vainilla!”, exclamaba. “¡Es la abuela! ¡Es Gauguin!”.

No hablan abiertamente de sus “enemigos”: aclamados chefs extranjeros como el español Ferrán Adrià, que han desafiado la hegemonía de la cocina francesa, o las cadenas de comida rápida que se han infiltrado en Francia.

Pero ahora que la economía atraviesa un mal momento y el caché de la cocina francesa disminuye incluso su propio país, esta iniciativa constituye un esfuerzo por capitalizar lo que durante mucho tiempo ha sido una fuente de orgullo nacional.

Desde hace décadas, la Unesco elabora una lista de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, desde MachuPicchu hasta la Gran Muralla China, que ayuda a preservar. En 2003, la agencia adoptó la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Ahora la Unesco reconoce manifestaciones culturales como la narración de cuentos en Kirguistán y la cría de bueyes en Costa Rica.

La propuesta francesa compite con las de sus vecinos del continente.

En junio, España revivió una iniciativa para que se reconozca la dieta mediterránea, saludable y basada en aceite de oliva, pescado, cereales, la fruta, las nueces y las legumbres; Italia, Grecia y Marruecos se sumaron al esfuerzo.

En Italia, la asociación de agricultores Coldiretti argumentó incluso que el patrimonio culinario italiano es superior al francés, basándose en que la Unión Europea reconoce 166 especialidades culinarias de Italia pero sólo 156 galos.

Francia presentará una propuesta formal el año que viene, pero es poco probable que la Unesco la apruebe. El verano pasado, Chérif Jaznadar, presidente del grupo de países de la Organización que firmaron la convención cultural, la descartaba así: “La Unesco no tiene una categoría para la gastronomía”.

La idea ha sido ridiculizada incluso en Francia. François Simon, el cáustico crítico culinario de Le Figaro, escribía que si Francia se sale con la suya, “abrir la puerta de un restaurante, hacer que suba un soufflé y quitarle la concha a una ostra, pasarán a formar parte de una actividad cultural, como dormirse en la ópera, bostezar en el teatro o desplomarse sobre el Ulises de Joyce”.

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