Domingo 23 de noviembre del 2008 Religiosa y Obituarios

Al alcance de la mano

Dios y yo


Hoy el Evangelio de la misa, en la solemnidad de Cristo Rey, nos ofrece la descripción, animante o estresante, según sea la conducta del oyente, del juicio más prolijo, más universal y más publicitado de la historia mundial.

Se trata del examen que tendrá lugar cuando al final de los tiempos –según nos dice la Escritura– “venga el Hijo del Hombre, rodeado de su gloria y acompañado de todos sus ángeles”.

Jesús “se sentará en su trono de gloria” y “serán congregadas ante él todas las naciones”. Es decir: usted y yo, y todos los llamados a la vida. Incluso los que fueron abortados. De modo natural o voluntariamente. Por eso le decía que será completamente universal.

Nada va a faltar en este juicio. No solo se examinarán los pensamientos, las palabras, las obras y las omisiones que un mortal haya acopiado, en sus –pongamos– setenta u ochenta  años caminados aquí abajo. Saldrán a relucir hasta los más pequeños atenuantes y agravantes. Y también todas las consecuencias, hasta el final de los tiempos, de nuestras libres decisiones. Por eso le decía que este juicio será el más detallado que se puede dar.

En fin. Tanto en el desarrollo de la causa como en su conclusión, todos nos enteraremos del porqué del premio o del castigo. Todos nos asombraremos ante la perfecta unión, en Dios, de la Justicia y la Misericordia. Y todos reconoceremos su Bondad y Omnipotencia. Por eso le decía que este juicio será público y sonado.

Mas vayamos a los dos asuntos que debemos meditar más seriamente: el premio que se otorga y la conducta que se lo merece.

Los expone el Evangelio claramente. Primero el premio –“Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino, preparado para ustedes desde la creación del mundo”–  y luego la conducta: “Porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y vinieron a verme”.

Es maravilloso el premio que nos quiere dar el Juez Universal. Pero más sencillo es permitirle que nos lo conceda. Porque basta con que le sirvamos en nuestros hermanos, puesto que considera estas ayudas a quienes están a nuestro lado, como asistencias a Él.

Es decir, que tenemos al alcance de la mano lo que nos lleva al Cielo.
Religiosa y Obituarios

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.