Somos una familia de Dios, regocijándonos en un parentesco sagrado.
Familia
Estamos unidos por nacimiento o adopción, por matrimonio o inclusión. Como amigos, somos familia, e igualmente importante como miembros de la familia, somos amigos. Lo que nos define realmente es que somos una familia de Dios.
Al reunirnos en camaradería y celebración, en oración y comunión, ofrecemos lo mejor los unos a los otros y recibimos lo mejor unos de otros. Lo mejor es ser el amor de Dios en expresión.
Somos considerados, y colaboramos sin importar lo lejos que podamos estar. En nuestros momentos de oración, afirmamos la vida, el orden, la prosperidad y la paz que Dios ha creado. Somos una familia de Dios, y nos regocijamos en un parentesco sagrado.
–Mateo 25:40
“Respondiendo el Rey, les dirá: ‘De cierto os digo que en canto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis’”.