Wang Denggui, padre de tres hijos, llegó hace más de un año a las calles bordeadas de palmeras de esta ciudad sureña con un solo objetivo: trabajar duro en una fábrica y ahorrar para la educación de sus hijos.
Pero los planes de Wang y de miles de sus compañeros de trabajo se desbarataron el mediodía del 1 de noviembre, cuando el presidente taiwanés de su tambaleante fábrica de zapatos saltó por encima de una pared de la fábrica huyendo del país y de sus deudas. Esto dejó a varias zapaterías estadounidense con órdenes incumplidas y a 2.000 empleados sin trabajo.
“Se escapó sin decirle a nadie”, dijo Wang. Durante décadas, la brumosa zona del delta del río Perla en la provincia sureña de Guangdong actuó como motor principal del asombroso crecimiento económico de China. Pero una caída de las exportaciones que comenzó durante el año y se vio amplificada por la crisis financiera global de los últimos meses está contribuyendo al cierre de decenas de miles de fábricas pequeñas y medianas aquí y en otras regiones costeras, obligando a los operarios a buscar otros trabajos o volver a sus hogares en el campo. Además, la desaceleración inhibe la capacidad de China para trabajar con otros países para aliviar la crisis mundial.
El delta del río Perla, conocido como la fábrica del mundo, alimentaba un sector de exportación que empujaba la tasa anual de crecimiento de China a dos dígitos y daba trabajo a inmigrantes de las provincias del interior con tierras malas para cultivo. Pero las circunstancias han cambiado bruscamente. La disminución del ritmo de las exportaciones contribuyó al cierre de por lo menos 67.000 fábricas en toda China en la primera mitad del año, según estadísticas del gobierno.
Han surgido protestas y disputas laborales por los sueldos atrasados perdidos, lo que ha despertado el miedo en los funcionarios locales.
Ellos también están tratando de aplacar la inquietud repartiendo sueldos adeudados. Aquí en Chang’an, después de la protesta de los trabajadores, el Gobierno distribuyó más de 1 millón de dólares para pagar los sueldos a la mayoría de los trabajadores de la fábrica de zapatos.
La caída de las exportaciones aceleró un cambio importante en la naturaleza de la industria china: pequeñas fábricas que ya se veían afectadas por los costos en alza de la mano de obra, el transporte y las materias primas, así como el alza de la cotización del yuan, están cerrando en masa. Esto ocurre especialmente en estas localidades diseminadas alrededor de la ciudad de Dongguan, conocida por la fabricación de productos baratos.
Muy pronto, las fábricas con mano de obra intensiva que dependen exclusivamente del trabajo migratorio podrían desaparecer del sur de China, y las empresas extranjeras podrían firmar contratos con fábricas similares en Vietnam y otros países donde los costos son más bajos.
“Es muy grande el daño que se está produciendo, no lo niego, y pienso que va a ser peor porque no vimos el verdadero impacto de la recesión económica en Europa”, dijo Arthur Kroeber, director ejecutivo de Dragonomics, una consultora e investigadora económica radicada en Pekín. “El año que viene tal vez veamos caer las exportaciones en 10% en el país en su conjunto”.
El sector exportador todavía está creciendo pero ha bajado considerablemente el ritmo; el crecimiento de un año a otro se ubicó en 9% en octubre comparado con el 26% en septiembre de 2007, dijo Kroeber.
Los despidos masivos han provocado este año un cambio profundo en los movimientos de trabajadores migratorios como Wang, que pasaron prácticamente todo el año lejos de su casa. Muchos vuelven a su hogar temprano para el Año Nuevo chino, a fines de enero, y afirman que posiblemente no vuelvan a trabajar en las regiones costeras. Con los precios de los granos más altos la agricultura es más rentable. El Gobierno chino anunció recientemente una política de reforma agraria que podría inducir a algunos campesinos a permanecer en su tierra y aprovecharla mejor.
Los problemas sociales derivados de la desaceleración han provocado ansiedad en la cúpula del Partido Comunista, cuya legitimidad se funda en mantener el crecimiento económico. El primer ministro Wen Jiabao impulsa políticas que aumenten el consumo interno para lograr que China no dependa tanto de las exportaciones.
Los gobiernos extranjeros que esperan que China tome las riendas para atacar la crisis global se verán decepcionados, dicen analistas y estudiosos. Los funcionarios chinos están concentrados en tratar de aliviar los problemas internos y mantener la tasa de crecimiento anual del país por encima del 8%, algo que consideran vital para generar suficientes empleos nuevos. “Creo que China prevé que necesitará gastar mucho dinero para poder salir de la situación interna actual”, dijo Victor Shih, profesor adjunto de ciencia política en la Northwestern University que estudia la economía política de China. “En la crisis financiera global, China no asumirá el papel protagónico”.