- NOV. 22, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
El escritor portugués José Saramago está orgulloso de su última obra, El viaje del elefante, que tenía previsto salir a la venta ayer en español y que él considera un texto lleno de vida pese a haber sido escrito en las fronteras de la muerte.
“Es un libro donde no se notan ni los 86 años ni la enfermedad que he tenido que soportar”, asegura Saramago, quien confiesa que, solo por eso, la obra tiene para él carácter especial y le mostró que mantiene vitalidad creativa.
“Le han llamado un libro luminoso. Es un libro que no tiene nada de tétrico y podría tenerlo”, afirma el autor, para quien su reciente texto está “lleno de humor” y no refleja nada de lo que pudo pensar, sentir o imaginar cuando, hace un año, una afección pulmonar lo obligó a ser internado en estado grave.
Desde su despacho en la sede lisboeta de la fundación que lleva su nombre, recuerda, ya recuperado, que apenas había escrito 40 de las 260 páginas de esta obra, “una metáfora de la propia vida humana”, cuando tuvo que interrumpirla.
Su terminación fue “una gran victoria” tanto por el hecho de sanar y poder concluirla como por “decirse a sí mismo que la capacidad creativa no se agotó”, admite Saramago al recordar que estuvo “entre esto y aquello, y en un momento más próximo de aquello que de esto”.
La obra, que salió este mes en Portugal y se presenta la semana próxima en Brasil, se publica cuando el escritor acaba de cumplir 86 años y conmemora diez de la concesión del Nobel, dos “coincidencias” que le obligan a romper la vida tranquila que le gusta llevar en Lisboa o la isla española de Lanzarote.
El nuevo libro “surge de la nada y si no fuera por haber estado en Salzburgo, porque una profesora de portugués de la universidad convocó una cena en el restaurante El Elefante y no hubieran existido unas pequeñas figuras que describían el viaje, sin todo eso, el libro no estaría aquí”. La historia encierra varias parábolas sobre la condición humana y Saramago cree que marca también una etapa en su propio periplo literario que considera haber “empezado tarde”.