Nuevamente, los pobres resultados de las pruebas Aprendo conmueven al país y ratifican algo que ya sabíamos hace algunos años: que la educación formal es deplorable.
Las consecuencias están a la vista: las dificultades que tenemos para construir una sociedad justa, capaz de alcanzar desarrollo humano en democracia.
El nuevo sistema para nombramiento de los profesores ayudará, los cursos de capacitación a los que están asistiendo, también. Pero no será suficiente.
Los abuelos que decían muchos refranes, repetían “a desesperado mal, desesperado remedio”. La situación es grave y por lo tanto requiere medidas inusuales.
Si los resultados escolares son pobres trabajando cinco días a la semana, sin duda no serán más pobres si, durante un año, reciben clases solo cuatro y el quinto lo dedican los maestros, totalmente, a su capacitación, exigente, sostenida y evaluada. Hay en el Ecuador más de una institución que puede colaborar en esto y que el Ministerio bien podría calificar.
Paralelamente, los supervisores deberían ser capacitados para que se conviertan en asesores y consultores pedagógicos confiables.
Como en todo trabajo, deberían medirse los resultados que, eneste caso, sería el rendimiento académico de los alumnos, que podría ser considerado uno de los elementos claves para conseguir ascenso de categoría y, en consecuencia, mejor sueldo.
Pero estas serían medidas para tratar de corregir lo que ya existe y también hay que pensar en el futuro y esto requiere mirar profundamente la realidad de las instituciones que forman los maestros.
Quizás haya que hacer un alto en sus tareas para redefinir sus valores, sus contenidos, sus métodos, sus sistemas de evaluación, el perfil de sus maestros y retomar la tarea, solamente, cuando se tenga clara una auténtica reforma sostenida y con evaluación permanente.
Me consta que los maestros responden, la mayoría quiere capacitarse, quiere hacer mejor su tarea. Los he visto sacrificar días de descanso y hasta horas que debían dedicar a su alimentación para llegar a cursos que consideran que podrían ayudarles.
Es cuestión de que asumamos, entre todos, la revalorización de su trabajo y de darles las herramientas necesarias para que lo hagan mejor. Al Ministerio le toca lo suyo y se ha puesto objetivos que trata de cumplir, pero es la sociedad toda la que debe ser evaluadora del trabajo escolar y, como tal, rechazar lo malo, pero también aplaudir lo bueno, que sí lo hay, porque no es justo aplicar a todos los maestros los mismos calificativos.
Hablamos de grandes objetivos nacionales, como una frase hecha, como un lugar común, tratemos de que no lo sea y propongámonos como el más grande objetivo nacional mejorar la educación y lo demás vendrá por añadidura.