Desde 1926 los católicos guayaquileños ofrecen este multitudinario homenaje, con devoción y algo de religiosidad popular. Familias de todos los estratos sociales entronizan la imagen que preside misas y novenas.
“¿Es usted buen católico? Entronice en su casa el Corazón de Jesús.
Hermosos y artísticos cuadros en alto relieve ofrece a su distinguida clientela. Almacén Santa Julia de Julio Frugone (Pedro Carbo 102-104)”, consignaba uno de los tantos avisos que se publicaron en Diario EL UNIVERSO más allá de la segunda mitad del siglo pasado, cuando esta solemnidad de la Iglesia católica estaba muy prendida de los habitantes de la metrópoli.
Tampoco faltó la publicidad del almacén Lilita de Arístides Antepara (Pedro Carbo 400 y P. Ycaza) y la de la librería e imprenta Bola de Oro S. A., de L. A. Castagneto (Luque 302-306 y Chile), que ofrecían adornos nuevos, banderas, flores artificiales, guirnaldas multicolores, focos, festones, brillos y más decoraciones para el arreglo de imágenes.
En efecto, con días de anticipación al último domingo de octubre –que era el día original y después cambió al último domingo del tiempo Ordinario que precede al primer domingo de Adviento–, los vecinos de la ciudad conseguían el material para poner a punto sus balcones en los que destacaba la imagen de Cristo Rey.
Los almacenes y bazares promocionaban lo necesario para la decoración de balcones y ventanas de casas de cemento, mixtas o de caña, sin olvidar la tela espejo de colores y banderas del Ecuador y Guayaquil; los puestos de flores naturales en los alrededores del Mercado Central y el cementerio también tenían una asegurada clientela. En cada hogar siempre eran las abuelas o madres las que dirigían los arreglos.
Terminada la faena decorativa y orgullosos de lo conseguido, los miembros de la familia esperaban la noche para encender las luces de su Cristo Rey entronizado. Entonces no faltaban las novenas, misas y recorridos por el vecindario u otros barrios para admirar los arreglos uno mejor que otro. Entre comentarios y felicitaciones frente a la ventana, era imposible que faltara una taza de chocolate con pan o una copita de rompope para animar a las visitas.
La fiesta de Cristo Rey muestra la fe del animoso pueblo guayaquileño desde que la estableció el 11 de diciembre de 1925 el papa Pío XI en el Jubileo del Año Santo. Hubo sí problemas en los primeros años, pues las autoridades negaban el permiso para expresiones públicas. El obispo de Riobamba y administrador apostólico de Guayaquil, Carlos María de la Torre, presidió la primera solemnidad de Cristo Rey , en el American Park, el domingo 31 de octubre de 1926, con eucaristía en la mañana, y una procesión del Sacramento en la custodia, en la tarde.
Sobre la actitud de las autoridades que cambió al observar el masivo respaldo que se dio a la concentración del año anterior en el American Park, nuestro matutino en octubre de 1927 consignó: “La Gobernación e Intendencia autorizaron la celebración de Cristo Rey; en días pasados se conoció que las autoridades tenían prohibida esta manifestación religiosa”. El lunes 31 de octubre, otra información destacó que “muchísimas casas guayaquileñas lucieron ayer vistosos e iluminados arreglos con la imagen de Cristo Rey, por la tradicional celebración de la fiesta; en la Catedral hubo misa solemne y participaron cientos de feligreses”.
Los pueblos aledaños al Puerto Principal se sumaron a los festejos y al paso del tiempo les dieron una fuerte carga de religiosidad popular combinada con el folclore social y ergológico (comida), etcétera.
Confirma aquello este anuncio de promoción: “Cristo Rey en Los Lojas, jurisdicción de Daule, con cucañas (palos ensebados), castillos y vacas locas, bandas de músicos y una lancha para asegurar la movilización de los turistas”. Testimonio de la alegría de las comunidades para quien Cristo es rey único y universal.