- NOV. 20, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Hace diez años pensar en mezclar ciencia y televisión debe haber sido un coctel desagradable, más parecido a un detonante cerebral que para más de alguno resultaría una suerte de somnífero. Actualmente, series como C.S.I (Las Vegas, Nueva York o Miami), Detectives Médicos o La Ley y el Orden (Unidad de Víctimas Especiales), que se transmiten en diversos canales de cable, tienen como punto central esta mezcla.
¿Hasta dónde estos programas distorsionan la imagen científica en la resolución de casos policiales? Es parte de una polémica tan vieja como el momento en que estas series ganaron adeptos. Hoy es tan común observarlas que pocos se preguntan qué tan reales pueden ser las maravillas científicas que se exponen. La diferencia más relevante entre realidad y televisión es quizá el tiempo: un difícil caso policial no se resuelve en treinta minutos, en ninguna parte del mundo, con ninguna policía científica y con ninguna supermáquina analizadora de moléculas o de ADN.
Lo que me motiva a escribir de estas series es que sin lugar a dudas son fuente de conocimiento y reconocimiento. Una afección genética como el Síndrome de Williams puede ser una pesadilla personal y familiar, pero puede también ser la pieza medular para resolver un difícil caso. ¿En nuestro país se tomarían esas consideraciones? ¿O la niña de la serie, dueña de este padecimiento, sería solo vista y tratada como retardada o discapacitada mental?