Edición del VIERNES 7 de Noviembre del 2008
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Sin bombos ni platillos…
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Al parecer los guayaquileños somos un submundo en el asunto gastronómico. Los extranjeros viven sorprendidos de la cantidad de masa que ingerimos. Muy guayaco es comer lasaña con arrocito blanco y maduro asado, combo solo comparado con la mosca tse-tsé de la cantidad de sueño que produce.

Al parecer los guayaquileños somos un submundo en el asunto gastronómico. Los extranjeros viven sorprendidos de la cantidad de masa que ingerimos. Muy guayaco es comer lasaña con arrocito blanco y maduro asado, combo solo comparado con la mosca tse-tsé de la cantidad de sueño que produce. ¿Y qué tal el plato de llapingacho con arroz, maduro frito, salchicha frita, maní y huevo? Hay una lechuguita que ponen abajo como para darle el toque sano, pero es más bien considerado garnish. Sobrevivirlo suena a misión imposible, ¡pero es delicioso el condenado!

Las familias más tradicionales desayunamos con verde, leche, pan y juguito de naranja; almorzamos con sopa y arroz de segundo, sellamos con postre y decimos que cenamos ligerito, algo así como una empanada embebida en aceite y espolvoreada en azúcar…

El brote de comida rápida se dio durante los años ochenta con la llegada de un sinnúmero de franquicias que alborotaron el estilo de vida alimenticia de los monos y todo el que pudo pasó a hacer filas cargando su bandejita, eso acompañado del boom de malls que logró darle más éxito.

Para el inicio del 2000 empezamos con gustos más exclusivos y me resultó demasiado chistoso cuando mis primitos de 8 y 13 pedían constantemente comer sushi. ¿En qué descuido se nos volvieron de paladar sofisticado? Cuando yo era chica, los niños que íbamos a restaurantes comíamos pollitos apanados o carne frita con papitas y paren de contar.

Hoy en día ya el asunto oriental se ha vuelto furor, con la excusa de la fusión de sabores. Resulta que todo es azucarado, uno come carne y la salsa es dulce, se pide sushi y en lugar de salsa de soya le dan a uno guayaba. Es como el palacete de la diabetes.

Si a eso se le suma la sobrepoblación de chefs peruanos que han llegado a nuestros restaurantes y han logrado que la oferta en general de la ciudad se empiece a parecer tanto pero tanto la una a la otra que es como ir siempre al mismo sitio.

¿Lo espeluznante? Resulta que aquí en nuestro Guayaquil Superstar, por no decirle insólito, los restaurantes más codiciados son los italianos. Los guayacos creen que son lo máximo en comida, lo cual es extrañísimo si tenemos en cuenta que a nivel mundial la cocina más afamada es siempre la francesa. Pero como dije antes, aquí somos gente de gustos especiales.


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