Las palabras vienen después de las ideas; estas se sirven de aquellas para hacerse públicas, para darse a conocer, porque las palabras bien usadas son preciosos instrumentos de comunión entre los humanos; sirven para unir familias, para aglutinar ideales, para forjar voluntades compactas de una nación en busca de un futuro digno y prometedor. Todo esto hace la palabra, sin olvidarse que también destruye, corroe, desestabiliza, enciende odios y revanchas, aniquila conquistas, desbarata ilusiones y proyectos. Palabras para el bien o para el mal son de responsabilidad de cada emisor, grande o pequeño, gerente o albañil, alumno o profesor, presidente o comisionado.
Para común reflexión les entrego muchas palabras que transportan ideas, algunas de mi cosecha en tierra propia, otras de cosecha en aldeas ajenas y finalmente, otras que han permitido que los años pasen sobre ellas sin desdibujar su contenido ideal; estas últimas son las sentencias. Vamos con las primeras.
-¿Significará un día algo trascendental “la revolución ciudadana”? ¿Se consagrará “la robolución ciudadana” (TA) como una verdad? El tiempo lo dirá. Las palabras no tienen prisa, saben esperar la confirmación de los hechos. Si al final no son más que palabras se esfumarán sin dejar huellas; habrán sido palabras hueras, vacías de contenidos, estériles, dignas del bla, bla, bla, tan desprestigiado y tan en boga.
-“No hay más plazo para atraso de obras públicas… El único que va a aprobar plazos soy yo”, dice nuestro Presidente, luego de anunciar el retorno del ingeniero Jorge Marún, responsable de la vialidad. En su ausencia, me había palanqueado su puesto con el fin de que la carretera Sígsig-Gualaquiza (92 km) se concluya luego de 54 años de su primera piedra; es por esto, quizá, que me aterran las primeras piedras.
-Para que las intenciones del Presidente se transparenten es menester “conocer los plazos” de ejecución de las obras. El ministro Marún me ofreció enviarlos, dispuso a su secretaria que lo hiciera, ella dijo habérmelos enviado, jamás llegaron ni vía internet, ni por correo normal. Vamos a ver qué pasa, señor Ministro. Le informo que en la vía Puerto Inca-Molleturo-Cuenca: nadita de nada; por Cochancay: un riesgo, una aventura; por Pasaje: entre bien y mal. El transporte terrestre hacia Cuenca, desde el Litoral y desde Loja, sigue siendo una ruleta rusa luego de casi dos años de gobierno. Cruda realidad, amigas y amigos. No dudo que existan proyectos, quizá contratos firmados: necesitamos verlos, hacerlos públicos, para que todos sepamos que sí existen buenas intenciones, es decir, que las palabras, ya son intenciones, o mejor, proyectos.
-Unas pocas sentencias: “La vida no se mide por los descansos que tomamos, sino por los momentos que te roban el aliento” (Anónimo). “Las grandes almas tienen voluntades, las débiles tan solo deseos” (Proverbio chino); “Si te sientes solo es porque construiste muros en vez de puentes” (Anónimo); “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia” (Sócrates); “¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz para siempre? ¡Perdona!” (Tertuliano); “Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga” (Víctor Hugo).