Los cancilleres de Australia y Japón dijeron este miércoles que estaban haciendo todo lo posible para resolver diplomáticamente una sustancial disputa por la caza de ballenas, aunque en sus declaraciones mostraron que las divisiones siguen siendo profundas.
Una flota japonesa zarpó el lunes hacia el Océano Pacífico con planes de cazar cientos de ballenas, pese a la oposición de Australia y Nueva Zelanda.
El ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Stephen Smith, discutió el asunto con su contraparte japonés, Hirofumi Nakasone, al margen de la reunión de ministros y líderes del Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico (APEC), que se desarrolla en Lima.
Smith dijo que "este es un tema difícil entre nuestros dos países", pero subrayó que "continuaremos aplicando los medios diplomáticos" para abordar el desacuerdo.
Dirigiéndose a la prensa, el ministro añadió que él y Nakasone creen que "el desacuerdo sobre la caza de la ballena no debería convertirse en un asunto que dañe la fuerte relación bilateral".
Sin embargo, advirtió Smith, Australia está decidida a "presionar" sobre su oposición a la caza de la ballena.
El ministro de Relaciones Exteriores de Japón confirmó que ambos países estaban empleando la diplomacia para tratar este asunto.
Nakasone señaló también que Smith había mostrado la distancia que toma el gobierno australiano con respecto a los ambientalistas que utilizan la fuerza para detener la caza de las ballenas.
"El ministro Smith subrayó que el gobierno australiano está haciendo una clara distinción de las acciones ilegales tomadas por grupos anti caza de ballenas", dijo el funcionario japonés.
Pero, reveló, cuando éste le pidió que Australia tomara medidas enérgicas en contra los activistas anti caza de ballenas, "no hubo respuesta particular de la parte australiana".
Durante la última temporada de caza en la Antártica, ambientalistas atacaron embarcaciones japonesas, en operaciones calificadas como "terroristas" por el gobierno nipón.
Japón mata unas 1.000 ballenas por año, usando un permiso especial para fines científicos, que le permite una moratoria que data de 1986.
No es secreto que en Tokio se come la carne de ballena, mientras que el gobierno nipón acusa a las naciones occidentales de insensibilidad hacia su cultura. Noruega e Islandia desafían también la moratoria.
El lunes, Australia reveló un gasto de 2,58 millones de dólares en programas de ayuda destinados a convencer a Japón de que no es necesario matar a los cetáceos para fines científicos.
El ministro australiano añadió que si el interés de Japón por las ballenas era genuino para fines científicos, "no necesita que eso sea letal".