- NOV. 18, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
Por séptimo año el Festival Internacional de Cine de Cuenca arrancó en el Teatro Sucre, el pasado jueves. Culmina el jueves próximo, luego de siete días de proyecciones cinematográficas, con siete cintas en competencia oficial, y la exhibición de filmes fuera de concurso, así como una retrospectiva dedicada al cineasta venezolano Román Chalbaud.
Entre las cintas que están en competencia figuran Una foto de la ciudad de Silvio, de José Luis Guerin, de España; Toni Manero, de Chile, de Pablo Larraín, y Los últimos malos días de Guillermino, de la colombiana Gloria Monsalve.
En la inauguración se premió al ganador de la sexta edición, el mexicano Rubén Imaz, que dirigió el filme Familia Tortuga, por mejor película y mejor dirección.
El evento presenta programaciones gratuitas de filmes que transportan a través de una pantalla, a culturas de diferentes países, tanto en espacios cerrados como en parques y plazas. En la cita azuaya están programadas películas como Gato negro, gato blanco, de Emir Kusturica; o la Cambiadora de páginas, de Denis Dercourt; y una sección dedicada al cine de Luis Ospina. De este realizador puede verse el documental La desazón suprema: retrato incesante de Fernando Vallejo, un acercamiento a la vida y a la obra del polémico escritor colombiano, autor de la novela La Virgen de los sicarios.
Para el productor de audiovisuales y joven cineasta cuencano Duessman Ramírez, estos siete años consecutivos del festival fomentan los espacios alternativos del séptimo arte y ayudan a conocer ideas innovadoras, que constituyen una oportunidad para apreciar la realidad que transmiten los invitados.
Sin embargo, Cuenca requiere un espacio adecuado para proyectar películas de 35 milímetros y el apoyo de quienes administran estos lugares para facilitar el evento.
No existen escenarios donde se puedan presentar películas de este formato, estado al que aportó la paulatina eliminación de teatros, y ahora los organizadores deben adaptar varios espacios y en ocasiones se afecta la calidad del sonido y proyección de las películas, comenta Ramírez.
El Festival exhibe películas en DVD, y para las de 35 mm con el apoyo de la Universidad de Cuenca se alquiló un proyector que data de 1965, traído desde Guayaquil.
Rubén Torres, realizador audiovisual de Loja, quien asume como una obligación asistir al Festival de Cuenca porque, di ce, constituye un encuentro en torno a obras que proceden de diferentes países, tiene un criterio similar al de Ramírez respecto al tema del apoyo institucional para el cine alternativo. Si bien el Festival cuenta con un aporte este año por parte del Gobierno central, “me parece que existe cierta resistencia de entidades públicas, porque cines y teatros se han destinado a otras actividades, sin priorizar la necesidad del Festival de estos espacios”, acotó.
Cuenca es pionera en la promoción de festivales y motivadora para otros eventos que se realizan en otras ciudades y cumplir 7 años significa un arduo trabajo, indicó Torres.