Hace más de cincuenta años un joven estudiante norteamericano, Philip Astuto, decidió preparar su tesis doctoral sobre un personaje desconocido en su ambiente universitario: Eugenio Espejo. De sorpresa en sorpresa, de admiración en admiración, el estudiante había avanzado en el conocimiento de obras e ideas de nuestro personaje. En 1947 publicó un estudio sobre él y más tarde su tesis doctoral salió en México, en formato de libro, con el título de Eugenio Espejo, reformador ecuatoriano de la Ilustración. Redactar una tesis es requisito legal para obtener un doctorado, mas para Astuto el interés sobre Espejo rebasó con mucho tal requisito: hizo varios viajes al Ecuador buscando documentos, publicaciones y contactos personales con estudiosos ecuatorianos. Mencionaré un aspecto de su trabajo. Espejo, que sobresale entre los más destacados eruditos de las colonias, cita en sus escritos a centenares de autores, desde los clásicos griegos y romanos hasta los de su propio siglo, los de la Ilustración. Astuto, como buen scholar (especialista estudioso), se dio a la ardua tarea de averiguar por qué y en qué circunstancias cada autor citado escribió su obra: trabajo de por sí valioso y que representa largo tiempo de indagar en historias, diccionarios y más fuentes. Era bien conocido que Astuto, para coronar décadas de minuciosas investigaciones, albergaba la esperanza de editar las obras completas de Espejo. Desgraciadamente murió a comienzos de este año.
Ahora, la Casa de la Cultura matriz y el núcleo de Chimborazo han publicado las Obras completas de Eugenio de Santa Cruz y Espejo. Funge como editor Philip Astuto. Son cuatro volúmenes, de elegante presentación. En ellas, sin embargo, no figura la obra Reflexiones sobre las viruelas, acaso la más importante y conocida de Espejo, y por la cual se lo calificó de sabio en España, mientras lo esencial del libro fue incorporado al texto de Medicina del académico doctor Francisco Gil.
¿Cómo entender el insólito gazapo, que sería como omitir Huasipungo en una edición de las obras completas de Jorge Icaza? Cuando revisé el volumen que Astuto publicó en México, encontré comentarios y críticas sobre las tres primeras obras de Espejo, mientras se refería muy de pasada al de las viruelas. Conjeturé que Astuto, no siendo médico, se sentiría cohibido de ahondar sobre aquel libro. Pero que se omitiera incluirlo en las Obras completas es del todo improbable. Como sea, el que una edición póstuma haya carecido de vigilancia apropiada por parte de los responsables de la publicación, es inaudito.
El presidente de la Casa de la Cultura ha expresado que la institución llenará ese vacío. Recomendaríamos añadir las cartas de Espejo desde la cárcel: son valientes alegatos jurídicos y piezas literarias. Fueron publicados por el P. Jorge Villalba. Por lo demás, nunca será tarde para enmendar el inexplicable gazapo.