lunes 17 de noviembre del 2008 Columnistas

La política tiene necesidad del cristianismo

 En el fervor del debate y en el silencio de los partidos políticos la voz de obispos y de algunos laicos, voz que debe ser proclamada hoy y mañana en defensa de valores humanos, fue entendida como política partidista.

Política sí; partidista no, porque los valores humanos no son de un partido, ni de una religión: son valores, sin los cuales  la humanidad se debilita, comprometiendo, más temprano que tarde, su felicidad. Debimos hablar “oportuna e importunamente”, como Pablo pidió al obispo Timoteo (2 Tim. 4,2), porque no estaban en juego victoria o derrota, sino la fidelidad al Hijo de Dios, que asumió los valores humanos. La voz episcopal indujo a afirmar ante los votantes y el mundo que el texto constitucional Sí respeta los valores humanos.  Esperamos que esta interpretación se mantenga, cuando se elaboren las leyes secundarias.

En el Encuentro sobre ‘El siglo de las creencias’, organizado por el Aspen Institute Italia, el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de Benedicto XVI, disertó sobre el tema ‘La política tiene necesidad del cristianismo’. El Cardenal afirma que “la ética laica, no inspirada por la trascendencia, merece atención y respeto”; pero debe ser complementada; pues, al quedar encerrada en el espacio y el tiempo, se expone “cada vez más a las fragilidades humanas”. Como prueba de esta fragilidad, señala que “a pesar de proclamar con particular solemnidad los derechos inviolables de la persona, esta proclamación, por carecer de un sustento sólido, se encuentra trágicamente con su propia negación”. Reconforta la afirmación del Cardenal: “No depende de la Iglesia ni de su supuesta intransigencia, o peor, de su cerrazón mental ante la modernidad, el carácter no negociable de su defensa de los valores humanos”.

El Cardenal alude a la ética que, según Kant, “no necesita de un ser superior, para que el hombre conozca y cumpla su deber”. Kant resume la ética laica en “El deber por el deber”; pero, al carecer de fundamento, ¿por qué es malo, por ejemplo, calumniar, si me agrada? La religión, también hoy, ofrece un fundamento de la convivencia: es un factor de cohesión en las actuales sociedades multiétnicas y multiconfesionales; su universalismo invita al diálogo, a la apertura y a la colaboración armoniosa. “El cristianismo promueve valores, que no habría que etiquetar como católicos, y por tanto parciales, aceptables solo por quien comparte esta fe, porque la verdad de estos valores está en correspondencia con la naturaleza del hombre, con su verdad y dignidad”. El aporte religioso es real, aunque no sea cuantificable, ni fotografiable. La afirmación marxista “religión, opio del pueblo” ha sido reemplazada por otra similarmente anticristiana: “La religión es asunto solo personal”. El Cardenal rectifica, diciendo que “es plenamente legítimo que los cristianos participen en el debate público. Si no, los argumentos y razones religiosas no podrían ser invocados públicamente en una sociedad democrática y liberal, mientras sí podrían serlo los argumentos racionalistas y seculares, con una clara violación del principio de igualdad y reciprocidad que está en la base de la justicia política”.
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