La Universidad de Cuenca, con apoyo de Bélgica, logró la restauración de esta casa patrimonial.
Preservar el patrimonio cultural de los pueblos y la memoria social de las nuevas generaciones fueron, entre otros, los objetivos que llevaron al Municipio de Oña a buscar financiamiento para restaurar una casona del siglo pasado.
Dos pisos con paredes de adobe, vigas de roble, vestigios de muros de adocreto (lodo, trozos de cerámica, guano de caballo y paja, con lo que se rellenaban estructuras de carrizo), teja, y paredes con pinturas de paisajes y líneas en los bordes fueron rescatados por un equipo de arquitectos de la Universidad de Cuenca.
La Bella de París, en el borde superior derecho de la fachada, y Segundo Merisalde, su segundo propietario, al otro extremo, son los nombres que con grandes letras rojas la distinguen de otro centenar de casas con iguales características que se encuentran a los costados de una angosta vía, en el barrio San Francisco.
Ahora esta casona, presumiblemente construida en 1900 por Agustín Carrión, un nativo de la zona que no dejó descendencia, al menos en este pueblo, que estuvo abandonada y fue adquirida en el 2002 por la Municipalidad a los herederos del segundo dueño del inmueble, será un centro cultural.
En abril del 2007, una primera fase del proyecto recuperó la cubierta que estaba destruida, pero desde mayo de este año y luego de que Fausto Cardoso, profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca, entregó el estudio y diseño, la restauración se inició.
Lo más complicado del trabajo fue mantener el color original de las pinturas y detalles de las paredes de la fachada y del interior, dijo Cardoso.
Los colores verde pastel del interior y las gamas de rosados, al igual que los paisajes con castillos y ríos que aún existen en las paredes del balcón, los elaboraron obreros que también construyeron la iglesia central.
Ellos aprendieron la técnica europea para trazar, pero elaboraban la pintura con arcilla y vegetales de la zona, según David Ochoa, pintor y fotógrafo autodidacta del cantón.
Lo que fue la cocina en la segunda planta es ahora una habitación, pero las paredes negras por el hollín quedan como testigos de lo que fue parte de la vida de antaño.
Mercedes Merisalde, hija del segundo dueño, quien ahora vive en El Oro, dijo que fue un honor entregar el inmueble al Municipio, ya que ahora esta localidad de 3.234 habitantes tiene un lugar para desarrollar proyectos con identidad.
Todo se logró con el aporte financiero del gobierno local de Bierbeek (Bélgica), entidad con la que la Municipalidad mantiene un proceso de hermanamiento desde el 2007 y luego de una visita de Inge Hatse, coordinadora del proceso.
“Hatse estuvo en Oña para determinar proyectos de intercambio, entonces conoció la casa, le contamos que queríamos restaurarla y nos ayudó”, dijo Germania Ullauri, alcaldesa.
Aportes
Bélgica aportó con $ 50 mil y, como contraparte, Oña dio
$ 40 mil. La inauguración de la Bella de París se realizó el 31 de octubre pasado.
Nuevo proyecto
Un proyecto para restaurar otras 152 casas presentó la Universidad de Cuenca.