Antes de la conmoción marketera que precede el estreno de un nuevo Bond, otro evento se dio en un teatro londinense el 5 de octubre. Se trataba del tributo a Ian Fleming para celebrar el centenario de su nacimiento. Allí se juntaron hasta un avejentado Roger Moore y el flamantísimo Daniel Craig –con brazo en cabestrillo– para abrazar a docenas de ‘Bond-girls’ en un escenario donde hubo música de las bandas sonoras de las películas y lecturas de las novelas de Fleming.
Junto al glamour de esa noche, hubo otras noticias esos días. La agencia AFP hizo nuevas revelaciones del posible personaje que inspirara al escritor de uno de los héroes más famosos del siglo. Se trataba de John Bond, un “espía” del siglo XVI que realizó algunas misiones para la reina Isabel I. Sus descendientes han publicado el libro de su hijo Dennis Bond donde resalta el lema del escudo familiar: “Non sufficit orbis” (“El mundo nunca es suficiente”). La expresión debutó en otra aventura novelada que después se convirtió en la película Al servicio secreto de Su Majestad, con Pierce Brosnan en 1999, lo que confirma el interés que Fleming tuvo por los Bond de la época medieval.
Al igual que ese orbis ilimitado y ciertas franquicias cinematográficas como las de Disney o la Coca-Cola, posiblemente haya muy pocos lugares de la Tierra donde el agente no se haya convertido en parte del imaginario popular. Así llegamos a Quantum of Solace, una especie de continuación de Casino Royale, ahora bajo la batuta del director de origen suizo Mark Foster, quien estremeció algunas sensibilidades hace unos años con Monster Ball, donde Halle Berry se llevó el Oscar. Más que los elementos psicológicos y la violencia de esa película, Foster dinamiza en esta nueva narración una sensibilidad a las crisis políticas y sociales que afectan al mundo de la actualidad.
Si la tropical Jamaica fue en pasadas aventuras el exótico ambiente isleño que escondía Thunderball, además de otros destinos de Europa y Asia, esta vez 007 aterriza en Bolivia, en medio de un posible golpe de estado a manos del mafioso general Medrazo (Joaquín Cosio), que está a punto de levantarse con una inmensa reserva natural junto a Dominic Greene (el francés Mathieu Amalric, gran actor francés de La escafandra y la mariposa), uno de esos villanos multinacionales que caracterizan a los imposibles némesis de James Bond. Esto permite pasearnos por los increíbles escenarios de Siena, en Italia, para después visitar Austria. Junto a él está Camille (Olga Kurylenko), quien lo sigue solo por una venganza personal.
Hay que dar una segunda bienvenida al Bond de Daniel Craig. El actor nos ha devuelto al personaje original que exploró magníficamente Sean Connery. Desde su gestación literaria en el papel, 007 era un asesino a sueldo, un sicario del contraespionaje y la Guerra Fría cuyos objetivos son los capos del crimen. En el mundo de Fleming los villanos y los héroes se confunden y Bond es parte de eso. Lo recalca su jefe M, ahora metamorfoseado en Judy Dench: “Nunca sabemos cómo alguien es realmente”. Gracias a Craig, en Quantum of Solace siempre sabemos quién es James Bond.