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Edición del DOMINGO 16 de Noviembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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‘Mi esposo dejó de insultarme’
Hace cuatro años mi matrimonio empezó a tener inconvenientes a causa de la borrachera de mi esposo. Él bebía todos los fines de semana y cuando llegaba a  casa de madrugada me insultaba mucho, pero al día siguiente ya no se acordaba de lo sucedido. Intentaba conversar con él, pero se ponía muy terco, es decir, de aquellos hombres que preferían evadir el tema y me decía que me callara, que no quería saber nada. Cada  vez que me hablaba me asustaba porque ponía una cara de diablo. No quería escuchar a nadie y se encerraba en sí mismo. Por eso decidí escribirles para ver si al menos leía ‘El Especialista’ y así fue. Claro, me preocupé de que lo tuviera disponible.  La respuesta la dio una psicóloga donde explicaba que nuestro problema  de fondo no solo era la bebida, sino la falta de respeto que tenía al insultarme, y sugirió que era indispensable buscar ayuda urgente para detener los conflictos y que estos no se hagan mayores si yo quería conservar mi matrimonio que apenas seis meses tenía de haber empezado. Me impresioné cuando la profesional respondió que el  problema estaba en la personalidad de mi esposo, porque era una persona maltratante y desvalorizante. En ese instante pensé Dios mío con quién me he casado, tal parece que el enamoramiento me cegó y no me preocupé por investigar muy bien cómo se comportaba en su casa, con su mamá o con sus hermanos, o si sus padres eran maltratantes o no. Tuve que luchar para que aceptara ir a un profesional y lo conseguí, con la condición de que no lo abandonaría. El primer día fuimos juntos, pero después nos tocó sesiones por separado. Hubo muchas veces que quiso desertar, pero no lo permití, porque le explicaba que yo no tendría hijos si él no corregía primero sus problemas de personalidad y dejaba de beber. No quería que ellos fueran a sufrir con un padre que sería capaz de insultarlos o pegarles.  Actualmente mi esposo ha cambiado, ya no me insulta, menos bebe alcohol. Un cambio muy profesional.
Rosmary
Puerto López, Manabí



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