Ser el mejor, un deseo que acompaña al ser humano. El ambiente académico y laboral lo exige, sin embargo, no es suficiente llegar primero, hay que hacerlo bajo ciertas reglas para que el logro sea mayor.
En sus marcas, listos... ¡fuera! Desde el jardín de infantes se vive en una constante competencia, ser quien más se eleve en el columpio, quien llegue primero al bar o quien salte más alto. El deseo por ser el número uno es innato en el ser humano. Para ser aplaudido al final de la carrera es necesario incluir la ética en cada paso.
Lejos de los juegos infantiles, en la vida universitaria y profesional, la competitividad es más evidente. Christian Viteri López, ingeniero comercial, abogado y profesor principal de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, explica que ser competitivo es una característica positiva, pues obliga a la persona a buscar la máxima eficiencia.
Rosalinda Villalva Rojas, MBA directora de Rosalinda Villalva Rojas Consultores Asociados, expone que “ser competitivo es la capacidad que tiene un individuo para aprovechar sus potencialidades de forma efectiva...”. Su trato continuo con aspirantes laborales le ha enseñado que en los negocios de hoy se exige primero a las personas y luego a las organizaciones. Entonces, la preocupación está en buscar una ventaja para sobresalir.
Pero el objetivo no solo es destacarse entre un grupo de similar perfil, el verdadero reto es resaltar con la ética como posta. Villalva explica que el espíritu competitivo bien entendido conlleva creatividad, desarrolla destrezas, habilidades gerenciales y fomenta la inteligencia emocional.
El actuar con honestidad y sin egoísmos es una muestra de la manera más efectiva de ser luchador. Viteri enfatiza en que no debe confundirse la ventaja competitiva con la ventaja comparativa, ya que esta última es la otorgada por otras personas o que viene de factores ajenos a las propias competencias, como tener materia prima más barata, mano de obra a menor costo o estar exonerado del pago de tributos, en el caso de las empresas, o ser pariente del dueño de la compañía, si se trata del trabajador.
El competidor honesto obtiene el reconocimiento de la sociedad, de los empleadores o profesores; lo contrario ocurre ante la falta de ética, se desvalorizan los logros a tal punto que se vuelven efímeros y no pueden ser sustentables en el tiempo. Pues es imposible hacerlo cuando en lugar de competidores se tienen enemigos, en vez de personas que reconozcan los éxitos hay juzgadores y en lugar de compañeros se cuenta con individuos que siempre recordarán aquellos actos deshonestos.
Villalva coincide y afirma que “ser competitivo es malo solo cuando a nombre de la competitividad mal entendida hacemos a un lado los principios, los valores, la ética y nos dejamos arrastrar por un camino donde únicamente pensamos en ganar u obtener algo: un puesto, una promoción o un aumento de sueldo”.
Los estudiantes y profesionales no pueden olvidar que la satisfacción es mayor cuando se consigue por el propio esfuerzo. Y que ser competitivo es una característica positiva si está acompañada de la verdad. (G.J.)
Ser competitivo es malo solo cuando a nombre de la competitividad mal entendida hacemos a un lado los principios, los valores, la ética y nos dejamos arrastrar por un camino donde únicamente pensamos en ganar...”
Rosalinda Villalva Rojas