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Edición del DOMINGO 16 de Noviembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Alma En El Trabajo
Desafío de las emociones en la empresa
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Carlos Muñoz Gallardo | carlosmunoz@humane.edu.ec

Resulta paradójico encontrar en el mundo empresarial personas con gran nivel profesional que tienen un bajo conocimiento de la afectividad, acarreando con ello un sinnúmero de sinsabores y frustraciones.

El concepto de “inteligencia emocional” ha sido investigado y difundido a través de diversos escritores. Entre ellos, Daniel Goleman.

Este popular psicólogo realiza una investigación en un universo de 250 ejecutivos que consideraban que al tomar en cuenta las emociones propias o de los demás no se lograría alcanzar las metas organizativas: “Si no eran emocionalmente reservados, les resultaría imposible tomar las duras decisiones que exige la profesión”.

Según las investigaciones  de dicho autor, las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas también tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficientes en su trabajo. “Por el contrario, las personas que son inmaduras en el plano emocional tendrán dificultades en adaptarse y sintonizar con la propia realidad y la de los demás en vistas a integrar esfuerzos en la realización de metas comunes o proyectos.

Es común que en la dinámica de trabajo empresarial exista un “desgaste emocional” que afecta a la persona a varios niveles. El estrés que se va acumulando en medio de un ambiente de alta competitividad lleva a que muchas veces se deteriore la capacidad de juicio, se entorpezca el discernimiento y finalmente se pierda la capacidad de hacer una valoración objetiva de la realidad.

¿Quién no ha experimentado que emociones frustrantes de diversos tipos, en el ámbito laboral, merman la capacidad de comunicarse con los demás de manera productiva? ¿Cuántas veces experimentamos que malos entendidos, prejuicios, razonamientos emocionales son un impedimento para alcanzar nuestras metas laborales?

Muchas veces, distorsiones en nuestra comprensión de la realidad, de nosotros mismos o de los demás dan pie a emociones que generan una interacción deficiente con el entorno. Un ejemplo de esto es la ansiedad que muchas veces experimentamos cuando en realidad no hay motivos reales de amenaza más que las que están en nuestra cabeza: metas irreales, estándares perfeccionistas que no reflejan capacidades reales, pensamientos rígidos o un excesivo acento en “deberías” que no contemplan una valoración consistente de los recursos reales con los que contamos.

La experiencia emotiva muchas veces es intensa, compleja y más evidente a nuestra propia sensibilidad que nuestros pensamientos, pero si nos dejamos llevar por las emociones sin entender las ideas que las suscitan, podemos ser llevados a una pista sin salida y perder nuestro rumbo. Es por ello fundamental que nuestro mundo emocional sea orientado por la razón y esta a su vez mueva nuestra voluntad.

Imaginemos un gerente que toma decisiones basado simplemente en su estado de tristeza o de ira. Mientras más objetivo es el análisis de la realidad y mientras más capaz sea de ordenar sus emociones a correctas valoraciones de la realidad, mejores estilos de liderazgo podrán llevarse a cabo. En el campo empresarial no se pueden tomar decisiones sobre la base de estados anímicos, pues estos son fluctuantes y variables.

Es  por ello necesario educar el mundo emocional para que no seamos esclavos de la variabilidad o intensidad de nuestras emociones, sino más bien que estas respalden nuestras decisiones habiendo sido  discernidas con lucidez y sin prejuicios.

El ser humano es un misterio inagotable. La madurez emocional es parte de la madurez personal  y la conquista y señorío sobre la misma es una meta que forma parte del despliegue personal.

El manejo del mundo emocional es un horizonte que se debe conquistar a través de un profundo conocimiento personal, valorando los dones y talentos que debo desplegar y  reorientando aquellos aspectos de nuestra vida que requieran purificarse para que todas nuestras acciones estén orientadas a la realización del bien.

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