Un día una madre de familia se le acercó al padre Roberto Rodríguez, vicario parroquial de El Sagrario, y muy preocupada le dijo: “...Padre, mi hijo no tiene ropa para su primera comunión”. Él le respondió: “No te preocupes, él puede utilizar cualquier camisa y pantalón de color blanco. Lo importante es que luzca bien planchada y limpia, y no importa si es nueva o usada”.
Cuando el sacerdote le dijo aquello, la señora no puso una expresión de alegría, sino de tristeza; el problema era que el niño no tenía tal ropa. Pero al enterarse los padres de familia de los compañeros de preparación espiritual del niño, se reunieron y le consiguieron un pantalón azul y una camisa blanca. “Con ese gesto demostraron un acto de generosidad”, comenta el padre Roberto.
Pero ¿qué es la primera comunión? Según el padre Paulino Toral, de la iglesia Redonda, es el primer encuentro íntimo entre un ser humano y Jesús. “Así como uno bebe y come por primera vez, un cristiano recibe por primera vez a Jesucristo como el alimento propio de los hijos de Dios”.
Es una celebración de la Iglesia católica. En los viejos tiempos, luego de la primera comunión, se invitaba a los parientes o amigos a un sencillo desayuno hogareño, pero terminado, todos volvían a sus casas. Eso es lo correcto. “Claro, eran tiempos de fe, de religiosidad, de más hondura…”, dice.
En realidad se la debe celebrar en un ambiente de profunda espiritualidad y de inmenso respeto, tanto de los padres como de los niños que comulgan. Sin embargo, no pocas veces, los primeros en mundanizarla, paganizarla y superficializarla son los mismos padres.
El sacerdote Roberto agrega que a los padres de familia se les explica que no es necesario que se preocupen por hacer actos sociales cuando se trata de los sacramentos. Lo más importante es que los niños, en el caso de la primera comunión, reciban una buena preparación espiritual, porque es Cristo quien va a reinar en sus hijos. “Muchas veces hay padres que no tienen suficiente dinero para alimentarse o vestirse y pasan quejándose por aquello, pero sí consiguen dinero para gastarlo en fiestas o recuerdos”.
El padre Paulino considera que para algunos la sagrada comunión no significa nada. “Ni tienen fe en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía ni viven en contacto con Jesucristo. Para ellos, la primera comunión de sus hijos es una isla de espiritualidad y religión rodeada de un océano familiar irreligioso, materialista y superficial”.
Él cree que este acontecimiento puede y debe ser celebrado, pero jamás poniendo el acento en lo lujoso o en lo vanidoso.
“La sociedad de consumo incentiva a algunos padres a realizar gastos desproporcionados, fomentando la vanidad y la competencia, de tal manera que el primer encuentro de Jesucristo con el niño o la niña es una aguja espiritual perdida en un pajar de paganismo, de mundanidad y de inconsciencia, donde corren el licor, los chistes de grueso calibre y desmanes. Un día, una niña me dijo: ¡Padre Paulino, mi papi se pegó una borrachera en mi primera comunión que hasta se peleó con mi mami!”, refiere.
Para contrarrestar el ritual social en que algunas personas están convirtiendo al sacramento de la primera comunión, primero se exigen dos años de preparación; segundo, se entra en contacto con los padres de familia para que no mundanicen y paganicen lo cristiano; y tercero, dando normas sobre cómo debe hacerse la ceremonia.
A los niños se les enseña que deben seguir el consejo de la Biblia: “Hay que tratar santamente las cosas santas. Que se ponga mayor acento en la preparación doctrinal (catecismo), en la existencial (intentando vivir como discípulos de Cristo) y en lo familiar (que los padres arreglen sus vidas para poder comulgar; por ejemplo, casándose por la Iglesia)”.
Ambiente religioso
El padre Toral expresa que si a los niños se los va formando poco a poco, si a medida que avanzan los años crecen en un ambiente religioso, se irán ilusionando en el momento de recibir por primera vez a Jesús.
“Ellos recibirán a Jesús con amor y su primer encuentro con Él será algo que marque toda su existencia. Un niño sin fe, con padres sin fe, pondrá todo el acento en la cáscara, lo superficial y mundano… hará su primera comunión como si de recibir una galleta se tratara… No lo hará obligado, porque le atraerá la fiesta, el regalo…, pero comulgará sin ahondar en lo que hace”, señala.
Y “cuando los niños se resisten a hacer la primera comunión es porque no le encuentran sentido a Dios a causa de que sus padres no les han enseñado a vivir la espiritualidad, sino que consideran a la eucarístia solo una costumbre y no la viven”, refiere el padre Roberto Rodríguez.
Además, es importante saber que cuando los niños son obligados a hacer la primera comunión no quieren estudiar el catecismo y faltan frecuentemente a las clases. En ese caso se les explica la importancia de recibir a Jesús, pero si aún continúan sin interés se les dice a los padres que todavía no están preparados para recibir el sacramento de la comunión y que es preferible esperar un poco.
Listos para comulgar
Los niños que están listos para comulgar, manifiesta el padre Paulino, son aquellos que han aprendido el catecismo (preparación doctrinal) y se han puesto en sintonía con la vida de Jesús (preparación vital).
Después, siguen comulgando, buscando a Jesús en la eucaristía y continúan portándose aun mejor que antes con su familia, en la escuela, con los amigos, entre otros.
Para algunos padres, la sagrada comunión no significa nada. Ni tienen fe en la presencia real de Jesucristo en la eucaristía y ni viven en contacto con Jesucristo. Para ellos la primera comunión de sus hijos es una isla de espiritualidad y religión rodeada de un océano familiar irreligioso, materialista y superficial”.
Padre Paulino Toral