Yo no sé por qué los juristas nos hacemos tanto lío solo porque nuay Corte Nacional de Justicia y nuay Consejo de Participación Ciudadana.
¡Mesejante problema para nomás de poner a funcionar la nueva Constitución! ¿No ven lo que hicieron los del Tribunal Constitucional? Se autoprorrogaron y se convirtieron en Corte Constitucional, con lo cual, violando la Constitución, la salvaron y dieron ejemplo de que, con decisión, todo puede lograrse. ¡Viva la Corte Constitucional, viva, viva!
Para evitar que la Justicia se quede en acefalía, tenemos que considerar que la transitoria que se aprobó con la Constitución dice que de los 31 jueces que integraban la Corte Suprema debían quedar solo los 21 que resultaron favorecidos en un precioso sorteo, pletórico de nervios y emoción; sin embargo, 20 de los 21 jueces no quisieron acatar el resultado del sorteo porque les pareció vergonzoso que fuera la suerte la que decidiera su permanencia. ¡Chuta!, sí creo que ha estado medio complicado el asunto. ¡O sea que por eso es que no hay Corte! ¡Ya entendí! ¡Qué inteligente que soy! Lo que no entiendo es por qué, para solucionar ese problema, no se viola otra vez un poquito la nueva Constitución y se dispone que los jueces anteriores no entren al sorteo y masmejoresmente se prorroguen en sus funciones, que es exactamente lo que pide el Corderillo del ‘Congresillo’. Facilito está. Eso también creo que es lo que quieren los jueces que, en el fondo, están felices de quedarse, pero sin sorteo. Total, a la Constitución, como es nuevita, no le ha de importar mucho otra violadita casi insignificante y de urgencia. Más bien le ha de servir de entrenamiento.
¿Ya ven que cuando los juristas tenemos buena voluntad todo se arregla? El siguiente problema es que nuay quién nombre al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que debe tener siete miembros y miembras. Como el ‘Congresillo‘’ no quiere nombrarlo, le pasó la pelotita al Consejo Nacional Electoral, que tampoco quiere nombrarlo y más bien dice que la Corte Constitucional sea la que resuelva quién mismo es el que lo nombra. Entonces ahí sí, jurídicamente, cabe perfectamente el sorteo. Primero, que sorteen entre el ‘Congresillo’ y el Electoral a ver a quién mismo le toca nombrar al Consejo de Participación Ciudadana, para que nadie se pelee. El mecanismo del sorteo (desechado en el caso de los jueces de la Corte Suprema), en este caso, es perfectamente aplicable porque, estando constitucionalmente establecido para un asunto, puede también ser aplicado a otro porque, como decimos los juristas, lo accesorio sigue la suerte de lo principal y lo principal es que tengamos Consejo de Participación Ciudadana, cuyos siete miembros y miembras también pueden ser sorteados entre todos los ciudadanos que estén en edad de participar y de tener control social.
O sea lo que nos está faltando es voluntad, decisión para cometer solo unas poquitas violaciones más a la Constitución, con las cuales toda, pero todita la institucionalidad puede ser salvada. Elé.