- NOV. 16, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
En más de un país latinoamericano se han entablado demandas para solicitar que se suspendan sus emisiones.
Son el espacio para hacer público lo privado. El sitio para ventilar las debilidades humanas: infidelidad, odio, violencia, alcoholismo, mentiras y traiciones; han pasado a formar parte de las programaciones de televisión en América Latina desde la década de los noventa a través de los llamados talk shows.
Noto con preocupación que los talk shows van desapareciendo de los espacios de la televisión ecuatoriana. Preocupación porque van cambiado de formato y ahora se encuentran en espacios donde, a mi juicio, pueden causar un perjuicio mayor: las revistas televisivas.
Que si son o no espacios verdaderos, con testimonios pagados y gente contratada para actuar, es algo que no me consta pero que sí me parece.
Después de que ‘Cristina’ y ‘Padre Alberto’ impusieran una moda con más de diez años de vigencia, los talk shows cambian de sitio y se instalan en las encuestas y foros que realizan ‘La mañana junto a ti’ o ‘En contacto’. Están presentes en el anuncio de los temas del día que hace ‘El club de la mañana’, de RTS: “¿Crees que las gorditas tienen problemas en su vida sexual?”. Entre otros comentarios de los presentadores, se escucha: “Yo creo que no se pueden mover muy bien”.
‘Caso cerrado’, de la doctora Polo, aún se mantiene en la señal nacional. La estrella es la misma conductora. Los acusados y demandantes, los testigos y el público constituyen el escenario donde Polo desarrolla su sentido histriónico. ‘José Luis sin censura’ (Canal Uno) también se mantiene. “Mi amante me hace sentir mejor que mi pareja”, fue el tema del miércoles. ‘Estupefacción de una hora de circo’, podría haber sido su nombre.
Tres fornidos miembros de “seguridad” (porque no hay programa de estos que no necesite contar con seguridad) no podían separar a dos hombres de mediana estatura y de contextura delgada que se peleaban a golpes por una mujer. El show no termina hasta que el “cornudo” es reivindicado.
El conductor trae al set una mujer que está enamorada secretamente de este hombre y les pide que intenten iniciar una relación. Así, como por obra y gracia... el marido acepta y, amantes, ex parejas y cornudos, quedan felices. El público participa no solo con comentarios y aplausos sino con gritos efusivos: “¡Dale duro, dale duro!”. En otros se logra que uno o varios de los participantes ‘cambien su forma de pensar’ como por arte de magia, gracias a los consejos del presentador. ¡Tiemblen, psicólogos y psiquiatras!, los talk shows tienen el poder de dejar vacío el diván de sus consultorios.
¿Por qué la exhibición pública de la vida íntima y turbulenta de algunas personas puede generar la atención de millones de televidentes? ¿Qué origina que algunos de estos programas cometan excesos y degraden la dignidad de las personas? ¿Por qué este género de producción puede resultar atractivo e interesante para muchos y repulsivo para otros? Interrogantes sin respuesta que han surgido en el mundo académico, entre los críticos de televisión, en instituciones y autoridades gubernamentales, así como en el propio público televidente.
En más de un país latinoamericano se han entablado demandas para suspender sus emisiones. Lo cierto es que también hay casos como el de Dr. Phil (‘el psicólogo de las celebridades’), que presenta temáticas interesantes y constructivas. Pero a veces sucumbe ante la seducción del amarillismo. Así es normal encontrarse en un mismo día de transmisión de este show por Fox Life, con temas como: “Matrimonios adolescentes problemáticos” o “Britney Spears pierde la custodia de sus hijos”.
¿Estaremos asistiendo a una renovación del talk show?... Veremos.