Con una licuadora y una olla en las manos llega una pareja a la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de Borbón. “No hemos dormido desde anoche, cuando los ladrones entraron a la casa. Esto lo encontramos nosotros; estaba enterrado”, dice el hombre, de unos 35 años. Su esposa maldice a los delincuentes. Los atiende el sargento Carlos Hidalgo, encargado de la UPC, quien despacha desde un escritorio que ocupa casi un tercio el espacio de dos metros por lado dedicado a la prevención.
En el sitio hay otros tres policías, que completan el grupo de guardia. Son ocho gendarmes que se turnan para proteger a los aproximadamente 15.000 habitantes de Borbón.
La pareja afectada por los ladrones pide apoyo para ir en busca de más enseres. Los uniformados se alistan en el escaso espacio. No solo es problema la escasez de uniformados para una población tan alta y tan violenta. La UPC de Borbón es un compendio de calamidades, de esas que en decenas de poblados fronterizos enfrenta la Policía.
Junto a la estrecha prevención, con una división de triplex están dos literas donde se acomodan los uniformados. Solo queda espacio para darse la vuelta. A un metro de las camas está la puerta del calabozo, junto a la entrada a un estrecho baño. Todo el destacamento policial ocupa no más de 25 metros cuadrados. Como no hay lugar, cuatro de los ocho policías arriendan un cuarto particular para poder descansar y guardar el único patrullero del poblado.
Hasta julio pasado, todos los uniformados se hospedaban en un hotel del pueblo. Debieron dejarlo a fines de ese mes, porque el Municipio de Eloy Alfaro, cantón al que pertenece Borbón, no canceló los valores estipulados en un convenio. “Enviamos oficios; pedimos al Alcalde, a la Junta Parroquial, pero no dio resultados. El dueño tenía razón; le debían cinco meses y por eso salimos y nos acomodamos aquí”, dice el sargento.
Afirma el encargado de la UPC que la jefatura provincial de Policía de Esmeraldas tiene el presupuesto para construir un minicuartel, pero se requiere de un área de 5.000 metros cuadrados legalizada y con escrituras a nombre de la institución.
El alcalde de Eloy Alfaro, Richard Mina, también se queja de que no hay infraestructura policial, pero anuncia que de parte del Municipio se hacen gestiones para conseguir un terreno.
“Qué se podía hacer el día cuando han llegado como 20 hombres armados a la discoteca Caribe. Nosotros no estábamos de turno, pero imagínese lo duro que hubiera sido repelerlos”, señala uno de los gendarmes.
Pero los lugareños no toman en cuenta las carencias. Reclaman protección policial durante las 24 horas. “Si uno sale la noche es porque se arriesga. Otros prefieren encerrarse y con eso no ponen en peligro sus vidas, porque aquí hay nada de seguridad”, refiere un habitante del barrio Nueva Esperanza.
El ciudadano expresa otra queja. Si hay un hecho delictivo, los bornoneños tienen que ir a San Lorenzo, a 40 km, para denunciar su caso en la Fiscalía de ese cantón. Aquello representa casi mediodía entre el viaje y el trámite. Entonces, la alternativa es solo acudir al pequeño destacamento y avisar a los gendarmes. Nada más. Como una justificación o un mensaje para valorar a los gendarmes, en la pared externa hay una frase: “El hombre en peligro se acuerda de Dios y acude al policía. Cuando esto pasa, Dios es olvidado y el policía repudiado”.
En Borbón, los policías esperan no seguir olvidados.
Parroquia comercial
Borbón es parroquia del cantón Eloy Alfaro, cuya cabecera cantonal es Limones, una isla a la que se llega tras un viaje de una hora desde San Lorenzo. El comercio, la extracción de madera y la pesca son las actividades económicas.
Presencia de la Armada
Diagonal a la UPC hay un destacamento de la Armada, cuyos elementos vigilan el transporte fluvial.