Domingo 16 de noviembre del 2008 Religiosa y Obituarios

Según su capacidad

Dios y yo

La justicia de las madres –oí decir a san Josemaría- es tratar de modo desigual a los hijos desiguales.

Con esta descripción de la conducta materna, el Santo de la vida de fidelidad en lo pequeño, quería destacar que la igualdad legal a ultranza, puede ser una injusticia. Porque no se debe dar la misma cantidad de arroz a todos los que integran la familia, sino que debe darse a cada uno, lo necesario para su salud y nutrición. 

Lo traigo a mi memoria este domingo, porque en el evangelio, con la parábola del rey y los talentos, nos habla Jesucristo de justicia; de la justicia con que juzgará mi vida, cuando me llame a su presencia.

Se trata de tres hombres que reciben una fuerte, aunque distinta, cantidad de plata. Uno recibe cinco talentos (esto es, cinco millones), otro dos, y el otro uno. Cada uno –nos subraya el evangelio– “según su capacidad”.

Con la plata recibida, los tres tienen su buena plataforma para armar un buen negocio. El problema no será de capital sino de ingenio y laboriosidad.

Pasado mucho tiempo, vuelve el amo y pide que le rindan cuentas. Y resulta que los dos primeros, trabajando y arriesgando, hicieron producir su capital hasta lograr el doble. Mientras que el otro siervo, el tercero de los hombres, explica la razón por la que no creció su plata: tuvo miedo y prefirió enterrarla -es decir, ponerla a buen recaudo– en vez de complicarse negociando.

Los dos primeros son premiados con el cielo. Pero el cobarde y perezoso, el que enterró la plata, es con rigor castigado: en lugar de gozo, llanto; y en lugar de luz, oscuridad.

No me detendré en el siervo fracasado. Me fijaré en los dos primeros. En el que recibió cinco millones y en que recibió tan solo dos. Porque debemos meditar en la justicia con que fueron enjuiciados estos negociantes. 

Como contaron con distintos capitales, no se les pidió que devolvieran cantidad igual. Uno tuvo que entregar cinco más cinco, y otro solo dos más dos. Cada uno tuvo que rendir “según su capacidad”.

Es esto lo que me conviene meditar: que voy a ser juzgado según he recibido. No del mismo modo que le juzgarán a usted, ni al resto de los hombres y mujeres. Me juzgará el Señor de acuerdo con el gran amor con que me ha amado.
Religiosa y Obituarios

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