Las bestias del aire, la tierra y el agua han servido a los humanos como presa, mercancía, mano de obra barata y buenos compañeros.
Es posible que estemos a punto de redefinir todas esas relaciones en formas más compasivas.
El 4 de noviembre, pasada por alto en medio de la emoción de la elección presidencial estadounidense, tuvo lugar una votación en California para ampliar considerablemente las protecciones legales a los animales rurales. El referéndum, aprobado por casi dos tercios de los votantes, requiere que para 2015 todos los campos del estado tengan espacio suficiente para que su ganado esté en pie o acostado, que pueda darse vuelta y extender totalmente sus extremidades.
Estas restricciones prohibirían las jaulas utilizadas para bovinos y cerdos, y las pequeñas jaulas en las que se amontonan gallinas.
Las empresas agropecuarias se resistían a la medida, pero Wayne Pacelle, presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos, espera que su sanción inspire una cooperación futura.
“A los productores no les conviene gastar ese dinero peleándose con nosotros cada vez que entramos en un estado”, dijo a Maggie Jones de The New York Times Magazine. “¿No sería mejor negociar y gastar ese dinero rediseñando sus instalaciones?”
En Europa, donde esas prácticas ya están en su mayoría erradicadas, se está avanzando hacia medidas de protección más completas para los animales. El Parlamento español sancionó el año pasado un proyecto de ley que reconoce derechos legales limitados a los grandes simios –los parientes biológicos más cercanos del hombre.
Pero otorgar derechos a los animales podría tener consecuencias inesperadas, como lo prueba India. La reverencia hindú a las vacas las protege de ser faenadas, pero no del tránsito. En los últimos seis años, por fallo judicial, Nueva Delhi ha tenido que pagar a policías para despejar de bueyes sus atestadas calles. Las vacas de la India no tienen nada al lado de las mascotas domésticas de Estados Unidos, que llevan mucho tiempo disfrutando de las comodidades de la vida moderna.
Leona Helmsley, magnate de la hotelería y los bienes raíces, dejó como es sabido 12 millones de dólares a su perro cuando murió.
Pero incluso propietarios menos opulentos están haciendo esfuerzos extraordinarios. Como señaló Bonnie Rothman Morris en The New York Times, algunos equipan sus automóviles con cinturones y arneses de seguridad de diseño especial. “Los perros wiener no tienen que llevar arnés”, aclaró, sin embargo, Christina Selter, defensora de la seguridad de los animales, refiriéndose a los salchicha. “Si se cae el asiento, se quiebra la columna”.
Por supuesto, las relaciones humanos- animales tienen algunas cosas atemporales. El presidente electo Barack Obama se apuntó un triunfo en su discurso el día de la elección prometiéndoles un perro nuevo a sus hijas cuando se muden a la Casa Blanca. El eventual cachorro fue tema de enorme interés en su conferencia de prensa después de la elección, y Obama respondió de igual manera, calificándolo irónicamente de “un tema apremiante en casa de los Obama”.
Pero si los animales nos dicen algo acerca de sus amos, el futuro amo-de-perro-en-jefe de Estados Unidos tal vez haría bien en evaluar al compañero de un líder global con el que pronto deberá tratar.
Para un cumpleaños reciente, el primer ministro Vladimir V. Putin de Rusia recibió un cachorro de tigre.