Todo el mundo tiene los ojos puestos en el presidente electo Barack Obama, que está armando su Gabinete. Con la crisis económica global aún fuera de control, la inestabilidad en Oriente Próximo y el medio ambiente en peligro, hay cosas en juego mucho más allá de las fronteras estadounidenses.
Por supuesto, todos esperamos que Obama elija a la gente de mayor calibre y con las mejores aptitudes, sin dejar que la política ni la personalidad se interpongan.
Pero los psicólogos organizacionales saben que es más fácil perseguir este objetivo en la teoría que en la práctica. Han descubierto que los procesos de selección están llenos de trampas irracionales que llevan a la dirección a tomar decisiones basándose en criterios irrelevantes. Al evaluar a otras personas, cuesta mucho separar los datos relevantes y objetivos de las impresiones subjetivas.
Una investigación de expertos en dirección de la Universidad de Iowa demuestra con qué facilidad se puede influenciar a personas que toman las decisiones en el proceso de selección. Analizaron la dinámica de interacción durante unas entrevistas de trabajo para ver qué factores influían más en la decisión de contratar a alguien. Para su sorpresa, descubrieron que el apretón de manos del candidato establecía una diferencia abismal.
Un apretón de manos firme era más importante que ser agradable, aplicado o emocionalmente estable. La clave para un buen apretón es sencilla: un agarre vigoroso, un contacto visual firme y un decidido movimiento vertical de manos.
Ahora bien, en eso reside el ser un buen empleado? Los entrevistadores no eran conscientes de estar tomando una decisión importante basándose en un apretón de manos, ya que los factores irrelevantes se inmiscuyen sigilosamente en la valoración que hacemos de otras personas.
Tan sólo podemos esperar que Obama no pase por alto a una persona que estaría cualificada para el puesto basándose en criterios irrelevantes, o que confíe demasiado en lo que le dice su instinto.
En su último libro, Reality check, el experto en marketing y empresario Guy Kawasaki nos da buenos consejos para evitar errores habituales en las entrevistas. Su primera recomendación es aprender a desconfiar de la intuición.
“El problema que tiene la intuición”, explica, “es que la gente sólo se acuerda de ella cuando es acertada”. Cuando un candidato nos da buena espina, bloqueamos cualquier otro tipo de información que contradiga esta impresión.
Otro error es contratar a alguien que consideramos que tiene potencial, pero que todavía no ha alcanzado nuestro nivel. Recomienda contratar a gente “mejor que tú”.
Los psicólogos organizacionales también recomiendan hacer entrevistas con un jurado y hacer preguntas específicas del trabajo (para determinar si el candidato encaja o no).
Esperemos que tanto Obama como los miles de directores que van a reestructurar y rehacer la plantilla de la Administración tengan los pies en la tierra al tomar decisiones objetivas. La buena noticia es que el proceso no está determinado de antemano: ¿podemos superar los prejuicios subjetivos que interfieren con el proceso de selección?
Yes, we can.