80 estudiantes del colegio República de Francia ensayan a diario para sus presentaciones en distintos espacios de Guayaquil.
La música es un elemento de pedagogía espiritual, porque el que aprende a escuchar música, aprende a escuchar a los demás. Por esta razón, asegura Parsival Castro, director académico del colegio República de Francia, se creó hace seis años la Orquesta Sinfónica de esa entidad, que comanda Luigi Castillo.
“Algunos de los chicos del conjunto sinfónico mejoraron su carácter y sus calificaciones, otros en cambio aprendieron a sentirse seguros de lo que pueden lograr con perseverancia y vocación”, añade Castro.
El grupo orquestal comenzó con cerca de diez alumnos y poco a poco los jóvenes que querían estar en este se sumaron. Ahora son 80. Sus integrantes tenían conocimientos básicos de música, porque es una de las materias de su pénsum académico. Entre los instrumentos que se enseñan en el colegio República de Francia constan el violín, la viola, el violonchelo, la flauta traversa, la percusión, el clarinete y el saxo.
La orquesta ensaya de lunes a viernes, desde las 13:10 hasta las 14:35, dentro de su horario de clases. Varios de los lugares donde ha actuado son la iglesia Santo Domingo y la Plaza Colón, junto al barrio Las Peñas; el Museo Municipal, la Alianza Francesa, el Paraninfo de la Casona Universitaria, la Catedral y la iglesia de La Merced.
La Sinfónica de la entidad educativa cuenta con jóvenes becados. Uno de ellos es Manuel Mendoza, de 16 años, quien vive en Durán y aplicó para estudiar la secundaria en esta institución. “Me impresionó que un colegio contara con una orquesta y que la música tuviera la misma importancia que matemáticas, que es una materia en la cual me ayudó”, dice.
Castro menciona que la forma en que la música facilita la comprensión de las matemáticas es porque la primera “usa compases y ritmos que se estructuran de la misma manera en que se resuelven las operaciones aritméticas. Entonces, el cerebro expande las posibilidades de solucionar problemas matemáticos”.
Mendoza afirma que estudia en el Instituto Experimental de Música de la Universidad de Guayaquil (Iemug) y fue elegido con dos compañeros de la orquesta para ser parte del acompañamiento del pianista Richard Clayderman en los conciertos que dio en Quito y Guayaquil en octubre pasado.
Susana Espinoza (17) ingresó este año al colegio República de Francia y cumplió uno de sus anhelos. “Desde pequeña acudía a conciertos de la Sinfónica de Guayaquil y escuchando música clásica me he puesto a llorar porque me encanta ese género. Siempre quise estar en un grupo así y ahora pude cumplir mi sueño”.
Francisco Chica, de 17 años, alterna su afición de tocar rock con la ejecución de música clásica. Indica que el primer estilo le llamó mucho la atención porque su hermano, Antonio Cortez, quien también es músico, lo interpretaba; mientras que el gusto por el segundo género lo adquirió a raíz de que su madre, Elena Chévez, lo escuchaba a menudo en casa.
PARSIVAL CASTRO
“Se creó una orquesta y no un grupo de rock o pop porque una orquesta te permite abarcar más estilos”.
ALBERTO DELGADO
“Siento un crecimiento interior desde que estoy en la orquesta y quiero hacer de la música mi carrera”.