¿Hasta qué punto los efectos de la recesión y en general de la crisis económica a nivel mundial pueden alterar las posibilidades electorales del próximo año en el país? Esa pregunta, de haber sido formulada hace algunas semanas, hubiese sido contestada con un rotundo “para nada”, pero la realidad del impacto analizada de manera desapasionada podría llevar a un replanteo de posibilidades y de estrategias políticas y electorales.
Por supuesto, si no se hubiese producido la crisis económica y con ella las series de efectos tales como la caída del precio del petróleo, la reducción del envío de remesas, así como otras consecuencias, muy pocos hubiesen dudado en aceptar la posibilidad cierta de que el presidente Correa sea reelecto, incluso en la primera vuelta electoral. Sin embargo, hay quienes aseguran que la situación económica del país podría tornarse compleja a corto plazo, precisamente como consecuencia de la dependencia especialmente que tiene el Ecuador respecto del precio del petróleo, al punto que hay quienes aseguran que de agravarse el actual escenario, la desdolarización se haría inevitable. Por otra parte, también resulta claro que al no existir los ingresos petroleros en la cuantía que se esperaba, los egresos estatales deberán priorizarse, con la posibilidad de un deterioro en la capacidad que tiene el Gobierno de cumplir con los ofrecimientos realizados.
Guardando las distancias y las proporciones, es posible revisar lo que está ocurriendo en Venezuela con el impacto de la baja del petróleo. Por más que Chávez insista en señalar que la baja es coyuntural, resulta inevitable que a un gobierno demagógico con una desmedida vocación de gasto público y que ha aumentado la burocracia estatal más de dos millones de empleados, sufrirá un impacto mayor, restando capacidad para la inversión especialmente en los proyectos sociales. En el caso venezolano, el tema también pasa por los continuos ofrecimientos que ha realizado Hugo Chávez de ayuda y/o financiamiento a otros países, posibilidad que en este momento será muy difícil de cumplir; posiblemente, ese impacto económico no será asimilado en las elecciones regionales que tendrá Venezuela el próximo 23 de noviembre, pero no cabe duda que de efectuarse pocos meses después, el golpe político hubiese sido significativo en contra de las aspiraciones de Hugo Chávez.
Ahora bien, dudo que el impacto que supone la baja del precio del petróleo vaya a ocasionar un desconcierto electoral que produzca sorpresas realmente significativas en el país. Por más que ahora se especule con nuevos y posibles candidatos, algunos de ellos incluso de la misma tendencia y antes muy cercanos al actual Presidente, me parece que serán opciones marginales al momento de disputar la presidencia de la República.
Quizás si las elecciones fuesen a fines del próximo año, las consecuencias políticas podrían ser más complicadas, ya que se advierte que a partir del segundo semestre del 2009 es cuando se advertirán las dificultades del Gobierno en cumplir con sus ofertas de carácter social; pero lo más probable es que las elecciones se realicen, a más tardar, hasta el mes de marzo o abril, con lo que el impacto real de la crisis económica mundial no llegará a alterar las actuales posibilidades electorales del país. Aunque todo puede pasar.