Sábado 15 de noviembre del 2008 El Gran Guayaquil

Aferrados a la informalidad

VENDEDORES. Decenas de personas duermen en la calle Capitán Nájera para cuidar puestos.

Cuando cae la noche, la calle Capitán Nájera se transforma en un dormitorio improvisado. Provisto solo de cartones y frazadas, donde las mujeres son las primeras en quedarse dormidas, porque los hombres, al menos hasta la 01:00, prefieren el juego de naipes al descanso.

Hasta el jueves pasado habían transcurrido cuatro días aferrados a aquella acera, entre Chile y Chimborazo. Se trata de unos 70 comerciantes informales de la Asociación Coronel, quienes afirman que únicamente han ido a sus casas para bañarse y cambiarse de ropa.

Junto a familiares permanecían en vigilia para no perder sus puestos porque corrió el rumor de que otros vendedores buscan espacio en esa calle, en la acera de enfrente, posibilidad que ya es rechazada porque ellos trabajan “apretujados”.

“Estamos aquí para defender nuestros lugares”, dice Enrique Palacios, de 44 años, un vendedor que por más de dos décadas ha ofertado su mercadería por las calles de Guayaquil y que hace tres meses se instaló en el lugar junto a sus compañeros de la asociación.

El grupo fue reubicado momentáneamente por el Municipio tras ser desalojado de las calles Coronel y Huancavilca.

Los comerciantes  de la Asociación Guerreros Huancavilca, a quienes temen que les ganen los puestos, no aparecieron la madrugada de ayer. Estos, que en el día se instalan a la vuelta, en Chimborazo y Huancavilca, quemando llantas exigieron su reubicación al Cabildo, el miércoles pasado.

A las 00:40 de ayer, cuando la temperatura marcaba los 27 °C, quienes poseían vehículos los cedieron para el descanso de jóvenes mujeres que huían de las cucarachas. A ellas también les preocupaba la presencia de roedores, aunque no los divisaron. Las más valientes siguieron en las aceras, acostadas sobre cartones.

El hambre para la mayoría de comerciantes se aplacó con galletas y colas, pero también hubo vendedores que degustaron tarrinas con seco de pollo y hasta cangrejos.

Una comerciante de la tercera edad, a la que sus colegas llaman Abuelita, aprovechó la noche para elaborar lazos para árboles de Navidad, los cuales su esposo venderá a 50 centavos la unidad y 5 dólares la docena, en la Bahía, porque en la acera de la Capitán Nájera “los clientes regatean para no pagar ni la mitad de esas sumas”, refiere. Ella se dedica en este sitio a expender bisutería.

En una camioneta permanecían los policías metropolitanos que patrullaron el área.

El panorama de quietud contrastaba con el trajín del día, cuando se dedican al comercio informal, a la venta de ropa interior, zapatillas, adornos navideños, bisutería y otros artículos por los que piden menos de dos dólares a los clientes.

Aunque las ventas en el espacio de la Capitán Nájera no sobrepasan los 30 dólares diarios, ellos consideran conveniente tener puestos fijos para no ser reubicados en el Mercado de Artículos Varios (Seis de Marzo y Franco Dávila), donde creen que la demanda será nula.

Ya hay marcas provisionales en la acera, pero esperan a que el Cabildo delimite las señas definitivas. Hasta tanto seguirán allí, vigilantes, dicen.

Enrique Palacios
comerciante

“Tenemos tres meses aquí. Nos molesta dormir en la calle, pero tenemos que defender nuestros espacios porque ya estamos trabajando apretujados”.

Blanca Carrera
Dirigente de vendedores
“Estamos en conversaciones con el Municipio para ser reubicados, unos vendedores en la Bahía y otros en el mercado de las Cuatro Manzanas”.

El Gran Guayaquil

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