Se ha puesto en marcha un plan de seguridad con medidas de control y supresión de las famosas “cachinerías”, donde se podían adquirir objetos de dudoso origen a menor precio que en los almacenes.
Conozco casos de personas que recuperaron objetos sustraídos de sus hogares en estos lugares y en algunos casos pagando por ellos.
Es probable que muchos justifiquen este tipo de transacciones porque al ser perjudicados se creen con derecho a resarcirse algo del robo. Es más rápido que realizar todo el proceso judicial. No están a la mano los policías vestidos de civil para acudir a donde los cachineros y ayudar a reconocer lo robado, si no se ha hecho una denuncia previa de los objetos y demostrado el delito.
Existe también mucha desconfianza en los procesos penales que, muchas veces, solo sirven para enriquecer las estadísticas, mas no para recuperar lo robado o castigar a los culpables, que en la mayoría de los casos quedan en la impunidad. Y por eso, no todos se toman las molestias que implica acercarse a la PJ para hacer las declaraciones necesarias y esperar con paciencia que se realicen y completen las diligencias policiales que más bien se consideran una pérdida de tiempo.
Nos enfrentamos, pues, a la necesidad de establecer cambios muy importantes en el comportamiento ciudadano y no se diga en el personal de la institución policial.
Recuperar el sentido de la honestidad, de la transparencia en los negocios al comprar y vender. No se puede comerciar con cosas robadas, adquirirlas es también un delito, aunque a mí me hayan robado algo parecido.
No es fácil terminar con una costumbre tan arraigada. Los robos de celulares en los transportes públicos son muy frecuentes y hay quienes no tienen medios para reponer sus equipos cada vez que se los sustraen.
Es más grave todo esto si reflexionamos en el mal ejemplo que se da a los niños cuando son testigos de estos hechos y aprenden desde pequeños a justificarlos. Las conciencias rectas se forman en el hogar, la escuela y en los colegios donde se vuelve cada vez más urgente sembrar a futuro con responsabilidad y criterio, convencidos de que la seguridad no depende solo de la Policía, sino que es una tarea solidaria de quienes queremos vivir en paz. No estaría de más obtener el compromiso de los centros educativos para reforzar la educación en valores a partir de esta realidad con programas adecuados.
Una campaña de seguridad eficaz, a la par que moderniza y establece procedimientos judiciales ágiles y efectivos, debería procurar de modo permanente, a través de los medios de comunicación, la concienciación de la ciudadanía con el objetivo de despertar los valores perdidos, de animar en la lucha contra la impunidad y motivar para contrarrestar la corrupción generalizada que, de diversas maneras, nos azota cada día.
Sin duda es una propuesta a largo plazo y que además se complementa con los cambios profundos que deben hacerse a nivel del personal de la Policía para garantizar la confianza, credibilidad, eficiencia y honradez en todas sus actuaciones, para percibir en cada uniformado a un protector y no a un posible “aprovechador” o “delincuente autorizado”.
Considero incompleto un plan de seguridad que no contemple estos aspectos. Entre tanto, habrá que estar muy automotivado o ser víctima de un robo muy grande para poner una denuncia sin confiar en los resultados.