Viernes 14 de noviembre del 2008 El Gran Guayaquil

Diabetes en los niños aumenta a ritmo peligroso

SALUD. Obesidad, entre causas. Orina excesiva, aumento de sed, pérdida de peso y cansancio son los síntomas frecuentes.

La quinceañera Kerly González Yagual padece diabetes desde hace seis años. Su vida y la de sus padres han transcurrido de hospital en hospital por sus continuos problemas de salud. A los seis meses de nacida le detectaron un problema en la visión, que la dejó ciega.

Luego tuvo que ser operada de las amígdalas, hasta que una infección en las vías urinarias permitió que los doctores descubrieran que su páncreas no producía insulina suficiente o que su organismo no la utilizaba debidamente, en otras palabras, tenía diabetes.

Ella es parte de los índices de esta enfermedad que hoy recuerda su día y que en los niños, hasta el año pasado, registró un aumento del 24%. En el 2006  se descubrieron 145 casos y en el 2007 hubo 180 pacientes con diabetes infantil en menores de 15 años, según datos  de la Dirección  de Salud del Guayas.

Las cifras que maneja la Organización Mundial de la Salud son más alarmantes. Esta entidad calcula que en el mundo hay más de 180 millones de infantes con diabetes, y es probable que esta cifra aumente a más del doble en el 2030. El 80% de las muertes por diabetes ocurre en países de ingresos bajos como Ecuador.

En el caso de Kerly, desde que  le descubrieron esa enfermedad, ha sido internada varias veces por subidas intempestivas de azúcar en la sangre. Su padre Héctor es ebanista y los 200 dólares que gana mensualmente los destina a los suministros de insulina y a la alimentación que ella debe seguir. Inclusive, él dice que su economía no da para más y que ya no puede afrontar estos gastos.

Él acudió a la Fundación Aprendiendo a Vivir con Diabetes, que ayuda a 104 niños con esta enfermedad crónica. Su gestora, Aracely Basurto, la creó hace 13 años después que a su hija le diagnosticaron diabetes. Desde ese momento inició una campaña para educar a los padres sobre este mal.

Esta fundación, en la ciudadela Samanes 6 (manzana 978, villa 2), tiene pacientes diabéticos desde los 9 días de nacido hasta mayores de 26 años. La mayoría, según datos de la Fundación y de endocrinólogos consultados, padece diabetes tipo 1, conocida como insulinodependencia, que se caracteriza por una ausencia de la producción de insulina. Según la OMS, sin la administración diaria de insulina exógena (vía intravenosa) este tipo de diabetes lleva rápidamente a la muerte. Sus síntomas consisten en una producción excesiva de orina, sed, hambre constante, pérdida de peso inexplicable, alteraciones visuales y fatiga.

La diabetes es una enfermedad costosa. Su tratamiento está valorado en 100 dólares mensuales, aproximadamente, lo que para una familia de bajos recursos económicos es difícil de soportar con ingresos de una canasta básica.

Una menor cantidad de pacientes padece la diabetes tipo 2. En la fundación, de los 104 casos el 5% la padece. Es una enfermedad que hasta hace pocos años era más frecuente en adultos y que se ha vuelto una alarma para niños con problemas de obesidad.

Este tipo de diabetes (que representa el 90% de los casos en el mundo) se presenta porque el organismo no utiliza eficazmente la insulina y en gran parte a la inactividad física y el peso corporal excesivo.

El endocrinólogo José Guevara confirma que en su consultorio atiende a niños con diabetes tipo 2. “Creo que existe una falta de adaptación del ser humano a la era industrial. Hace 100 años las personas tenían que hacer mucha actividad física y la cumplían; pero ahora la gente se ha vuelto demasiado sedentaria en las ciudades”, comentó el doctor.

Según Guevara, la diabetes tipo 1 tiene una alta incidencia de ser hereditaria. Aunque también destaca que hay un factor viral para que desencadene una reacción inmunológica que ataca su propio cuerpo y destruye el páncreas. El estrés o cualquier virus adquirido y que el organismo no lo puede combatir puede disparar la enfermedad por las bajas defensas.

Sobre la diabetes tipo 2 refiere que ningún niño nace con este mal, sino que lo adquiere por el exceso de grasas. “Hay niños que en un día ingieren exceso de grasas saturadas como papitas fritas, jugos con preservantes, demasiados dulces, entre otras”, dice Guevara.

Para Guevara, la diabetes tipo 2 tendrá una proyección mayor. “La falta de ejercicios físicos en la población nos está llevando a ver niños gordos y por ende con mayor riesgo a ser diabéticos”.

Su colega Daniel Roldós coincide en que el nivel de niños diabéticos va en aumento. Cada quince días aparece en su consulta un nuevo menor con esta enfermedad crónica.

La fundación Aprendiendo a Vivir con Diabetes ya tiene exceso de pacientes, cuenta con 104 enfermos, pero recibe apoyo internacional para dar atención gratuita a 50.
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