Al retirarme a la quietud de mi alma, siento paz.
Paz interna
Cuando la vida parece agitada, es hora de que vuelva a dirigir mis pensamientos a la presencia de Dios en mí.
Para sentir esta presencia dadora de vida puedo hacer una pausa por unos momentos en el silencio, o apartar un tiempo largo para orar. También puedo decidir pasar un fin de semana dedicado a la reflexión y renovación espiritual. En estos momentos callados comulgo con Dios. Dios es mi fortaleza y mi sustento, y al pasar estos momentos callados dándome cuenta de mi vínculo con Dios, la paz surge de mi interior.
Al retirarme a la quietud de mi alma, siento paz absoluta. Soy revitalizado, saludo el día y a las personas a mi alrededor con una sonrisa en el rostro y gozo en mi corazón.
–Salmo 42:1
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Dios, el alma mía”.