- NOV. 13, 2008 - Foto - Internacionales - EL UNIVERSO
La aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia por parte del Congreso norteamericano más que un instrumento económico es un asunto de vital importancia para la política exterior del presidente George W. Bush, que considera al país y a su colega Álvaro Uribe como sus principales aliados en la región y no concibe irse del poder sin dejar marchando este instrumento.
El Mandatario norteamericano ha sido claro en señalar que los tratados comerciales con Colombia, Perú y Panamá “son señales hacia Sudamérica en el sentido de que estamos con las naciones que están dispuestas a tomar grandes decisiones en nombre de su gente”.
Otro argumento poderoso que ha esgrimido Bush es que la mejor forma de brindar seguridad a los ciudadanos y reducir el espacio a la subversión es ofreciendo oportunidades reales de comercio.
Bush ve en el TLC un complemento a su política de lucha antiterrorista y por eso se comprometió con Uribe a trabajar en la siguiente fase del Plan Colombia. “Vamos a trabajar junto con su gobierno para seguir luchando contra el narcotráfico. Estados Unidos tiene la obligación de trabajar para reducir la demanda de la droga y al mismo tiempo ocuparse en limitar la provisión de droga.
Sin embargo, este acuerdo tiene la oposición de los demócratas en EE.UU. y de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos y comunidades campesinas en Colombia, que ven en el TLC una amenaza a su supervivencia y estabilidad económica, ya que entrarían a competir en desigualdad de condiciones frente a la agricultura norteamericana, que es altamente tecnificada.