“Siendo ya anciano me di cuenta de lo que hace falta para vivir una vida plena, asunto por demás complicado, sin embargo, lo he sabido desde hace mucho, muchísimo tiempo. La sabiduría no estaba en la cima de la universidad, sino allí en el arenero. La mayor parte de lo que necesitaba saber acerca de cómo vivir, qué hacer, y cómo ser, lo aprendí en el jardín de infantes. Esto es lo que aprendí:
“Compártelo todo. Juega limpio. No le pegues a la gente. Vuelve a poner las cosas donde las encontraste. Limpia siempre lo que ensucies. Pide perdón cuando lastimes a alguien. Lávate las manos antes de comer. Sonrójate. Las galletas calientes y la leche fría son buenas. Vive una vida equilibrada. Aprende algo y piensa en algo. Dibuja, pinta, canta, baila, juega y trabaja cada día un poco. Duerme la siesta. Cuando salgas al mundo, ten cuidado con el tráfico. Tómate de las manos y no te alejes. Permanece atento a lo maravilloso.
“Recuerda la pequeña semilla en el vaso, las raíces bajan y la planta sube y nadie sabe realmente cómo ni por qué, pero todos somos así. Los peces de colores, los ratones blancos e incluso la pequeña semilla del vaso, todos mueren y nosotros también. Recuerdo una de las primeras palabras que me enseñaron, una muy grande: MIRA. Todo lo que necesitas saber está allí, en alguna parte. La regla de oro, el amor y la higiene básica. La ecología y la política, la igualdad y la vida sana”.
Lo transcrito es el pensamiento del escritor Robert Fulghum, intelectual con demasiados conocimientos y experiencias que al mirar atrás encuentra la raíz de su formación en el arenero de su jardín de infantes.
Conozco la vida de los jardines de infantes, con cierta cercanía, desde hace veinticinco años. En cierta forma, algo tuve que ver con ellos.
Expongo consideraciones que pueden constituir elementos necesarios para una opima reflexión:
-Mientras más temprano sea el ingreso a un centro especializado en el cuidado de infantes, qué mejor; desde que las madres asumieron trabajos que las alejan inexorablemente del hogar, alguien tiene que preocuparse de niñas y niños, con infinito amor y con suficientes conocimientos profesionales.
-El ambiente físico de un jardín de infantes tiene gran importancia: los colores, la ventilación, los espacios verdes, el material didáctico, etcétera, son elementos que ayudan a crear la atmósfera indispensable para recibir a los pequeños y pequeñas que dan su primer gran salto: del hogar a su jardín.
-El personal docente y administrativo juega un papel fundamental, insustituible. La directora, las maestras parvularias, los conserjes, las secretarias, los choferes, son personas que requieren de una preparación especial para poder impactar positivamente en la vida de los infantes.
Pensar que el verdadero posgrado, útil para toda una existencia, se lo obtiene en el jardín de infantes, es un descubrimiento de una verdad oculta que todos la llevábamos dentro.
Es imperioso adecuar nuestros centros infantiles para graduar a cada infante de “Máster en Ciencias Existenciales”.