La elección del presidente de Estados Unidos ha renovado esperanzas y suscitado una bocanada de aire fresco en los quehaceres políticos mundiales. Movilizó a millones de nuevos votantes en Estados Unidos que creyeron en lo que les decía sobre él, su país y sobre ellos mismos. Y confirma la enorme importancia para los seres humanos de poder soñar juntos, con sueños que se concreticen en cambios queridos, buscados, invocados. “Tengo un sueño…”, frase emblemática de Luther King, ha traspasado los años y el tiempo y ha anidado en el corazón de millones de personas a lo largo del tiempo y el espacio y las ha movilizado a lo largo y ancho del planeta, hasta terminar expresada sin palabras en las lágrimas de alegría e incredulidad de Jesse Jackson, compañero de Luther King, cuando escuchaba el discurso de Obama tras su triunfo.
En palabras de un amigo estadounidense, Obama tarde o temprano nos va a decepcionar; es un político, sostiene. Pero también nos va a inspirar, motivar y movilizar, completa.
Siempre me pregunto por qué la decepción está unida al quehacer político. Será porque entre lo que se propone y aspira hay circunstancias que dependen también de otras fuerzas e intereses que no están alineadas con la voluntad expresada de cambios positivos. Tienen que ver con las oscuras tensiones del poder, el prestigio y el dinero. Algunas de esas fuerzas son mundiales, otras empresariales y otras unidas a la mafia que cree que puede comprar todo, y muchos así se comportan. Compran y se dejan comprar. Y otras son personales, pasan por el carácter de quienes ejercen el poder.
Y sobre todo en nuestro paisito, la decepción está unida también a la burocracia, al poder de la oficina y a los burócratas, verdaderos expertos en colocar escollos y hacer que las cosas caminen lo más lento posible.
La crisis económica mundial, para la que no hay una propuesta clara en el programa de Obama, absorberá gran parte de su gobierno y tendrá repercusiones mundiales y nacionales. Pero también los otros puntos propuestos tienen que ver con nosotros, todos nosotros, en esta ciudadanía colectiva de la tierra hacia la que vamos, como compañeros de destino en este planeta azul.
Y este es su programa:
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos en el 80% para el 2050 y jugar un rol preponderante en la negociación de un acuerdo global que reemplace al Protocolo de Kyoto cuando este expire.
Retirar todas las tropas de Iraq en 16 meses y no dejar bases militares permanentes en el país.
Establecer un objetivo claro de eliminación de todas las armas nucleares del planeta.
Cerrar la prisión de Bahía de Guantánamo.
Duplicar la ayuda de Estados Unidos para erradicar la pobreza extrema para el 2015 e incrementar los fondos en la lucha contra el VIH/SIDA, tuberculosis y malaria.
Abrir un canal diplomático con países como Irán y Siria en pos de la resolución pacífica de tensiones.
Despolitizar la inteligencia militar para evitar repetir la manipulación que llevó a la invasión de Estados Unidos a Iraq.
Lanzar un contundente esfuerzo diplomático para detener las muertes en Darfur.
Solo negociar nuevos tratados de comercio que contengan pautas de protección laboral y ambiental.
Invertir 150.000 millones de dólares en los próximos 10 años para apoyar el desarrollo de energías renovables y tener para el 2015 un millón de autos eléctricos en circulación.
Si logran realizar parte de este programa, nos inspirarán.