El defensor del ex presidente peruano Alberto Fujimori parece haber dejado de lado a su cliente para encargarse de un caso mediático, el de una popular periodista de espectáculos encarcelada por difamación.
En las últimas 10 sesiones del histórico juicio por abusos a los derechos humanos contra Fujimori, el abogado César Nakazaki acudió sólo a dos y dejó en manos de sus asistentes el proceso en la vital fase de presentación de pruebas.
En lugar del juicio a Fujimori, Nakazaki dedica más tiempo al caso de la periodista Magaly Medina, condenada a cinco meses de prisión por una jueza que concluyó que difamó al futbolista Paolo Guerrero, delantero del club alemán Hamburgo.
El abogado acudió el miércoles al proceso y al final todas las inquietudes de la prensa apuntaron al caso de Medina.
"Estoy más dedicado al caso Medina, no porque uno sea más importante que otro, sino por la complejidad del proceso", dijo Nakazaki en una conversación telefónica con Reuters.
En su programa de espectáculos, el más visto de Perú, Medina difundió un informe en el que aseguraba que Guerrero abandonó la concentración previa a un partido con Brasil por las eliminatorias mundialistas y regresó de madrugada.
El caso de Medina, considerada como la periodista de espectáculos más influyente del país, ha acaparado las primeras planas de los diarios, en tanto, los programas de radio y televisión no cesan en su afán por informar sobre el tema.
Nakazaki perdió un primer recurso para excarcelar a Medina, pero ha presentado apelaciones contra la sentencia y reclama la presentación de testigos a su favor, entre ellos el escritor Jaime Bayly, quien también había denunciado que el futbolista Guerrero abandonó la concentración de la selección peruana.
"Estoy utilizando todos los mecanismos legales posibles para que salga (Medina en libertad) lo más rápido", afirmó.
Pero el letrado está cargado de trabajo.
Según fuentes judiciales, Nakazaki también ha tomado el caso de un controvertido alcalde de una ciudad selvática, acusado de lavado de dinero del narcotráfico y de ser autor intelectual del asesinato de un periodista.
También tiene la defensa de militares de alto rango acusados de asesinatos de guerrilleros en el famoso rescate de rehenes en la embajada de Japón en Lima en 1997.
"Todos los casos los tomo con seriedad, aunque el alegato más importante de mi carrera es Fujimori", dijo Nakazaki.
Fujimori, de 70 años y con problemas de salud, fue extraditado en septiembre del año pasado desde Chile tras llegar sorpresivamente de Japón, donde vivió cinco años amparado en su doble nacionalidad. Ahora permanece detenido en un cuartel policial en un barrio pobre de Lima.
El ex mandatario fue destituido en el 2000 en medio de un escándalo de corrupción cuando comenzaba su tercer mandato.
"Por más que avanzamos con el criterio destacado del Tribunal, yo no creo que la sentencia de Fujimori sea antes de fines de diciembre o a inicios de enero", dijo Nakazaki.
Expertos y activistas de derechos humanos afirman que los testigos, entre ex militares y ex funcionarios, han aportado diversas pruebas para condenar a Fujimori por la muerte de 25 personas, entre ellos un niño, acribillados y hasta quemados por un escuadrón de agentes que perseguía a guerrilleros.
Los fiscales piden 30 años de prisión para Fujimori.