- NOV. 10, 2008 - Foto - Editorial - EL UNIVERSO
El culpable en ambas ocasiones no fue el cohete, por supuesto, sino los irresponsables que manejan juegos pirotécnicos sin las debidas precauciones.
Es decepcionante constatar que la tragedia anterior no condujo a que se introduzcan los correctivos necesarios.
En aquella ocasión, ni siquiera se encontró ni castigó a ningún responsable. Habrá que insistir ahora para que no ocurra lo mismo. Que se identifique al criminal y, más importante aún, se establezcan las normas que impidan una tercera víctima. No se necesita mucho. Casi bastaría con aplicar los reglamentos que ya existen, aunque naturalmente se los puede perfeccionar.
Mientras tanto, Latacunga transita sus fiestas con tristeza ante el niño que se fue. Que sepan sus habitantes que el país los acompaña en el dolor.