- NOV. 10, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Las imágenes de una Lorena Bobbit sentada en el banquillo de los acusados por haber castrado a su esposo en Estados Unidos, dio la vuelta al mundo en los años noventa.
No recuerdo el nombre del autor, pero el tema fue tan relevante, que incluso una de las performances participantes en el Salón de Julio u Octubre del Museo Municipal de ese entonces, sacó a la Bobbit del banquillo y la colocó en un altar vestida de santa con un cuchillo en una mano y un sangrante genital masculino en la otra.
A su imagen y semejanza otra mujer ecuatoriana cercenó hace un par de semanas el pene de su conviviente. Su imagen ha dado la vuelta al menos en todos los canales de televisión local y ha sido tema de más de un reportaje.
Y la novela noticiaria da para tanto que Cablenoticias (canal 3) expuso el pasado jueves la nota social de ayuda a la víctima, para que “pueda disfrutar del amor y el placer a plenitud”, dijo la reportera. Pero ¿y los motivos de la victimaria? ¿Quién los ha analizado más allá de la confesión inicial de aceptación de culpa tras el cansancio de constantes abusos maritales? No he visto ninguna consulta a un psiquiatra, tampoco a un abogado de derechos humanos.
Víctimas y victimarios tienen derechos. En este caso ella está presa; él, en cama y el veredicto seguramente volverá a ser demencia temporal.