Los habitantes de Nueva Loja dicen que en la ciudad existe, al menos, un muerto por semana.
Hablar de inseguridad ciudadana en Nueva Loja provoca en sus habitantes la misma reacción: una sonrisa.
Minutos después el gesto desaparece y se convierte en expresiones de preocupación, tensión, miedo y silencio.
“Yo no he visto nada, pero me cuentan que hace 15 días hubo una muerte violenta por el Banco Internacional, en pleno centro... ¿por qué le mataron? Aquí todo dicen que es por ajuste de cuentas”, expresa Glenda Astudillo, propietaria del hotel Machala, en Nueva Loja.
La versión fue confirmada por la Policía, que precisó que el asesinado era colombiano. Murió de cuatro tiros en una zona transitada y por sujetos que aparecieron repentinamente en un automóvil blanco.
Su muerte, afirma el coronel Hugo Cartagena, comandante provincial encargado, estuvo relacionada con otra ocurrida hace cuatro semanas.
La libre circulación de extranjeros, decretada por este gobierno, complicó la delincuencia en Nueva Loja, reconoció el fiscal Nelson Guamán, quien intenta contrarrestar el incremento del hampa con el programa de protección de víctimas y testigos.
Aunque para Jorge N., “la apertura de las fronteras significa transparentar la realidad de Nueva Loja. Es como lo que ocurrió con los tiburones (la pesca ilegal)...
cuando fue legal vimos todo lo que hacían, así mismo es acá, después vendrán los controles”, dijo.
Luis Torres no piensa lo mismo. A sus 75 años dice sentirse más seguro en Nueva Loja que en otra ciudad del país, aunque reconoció que falta control en las noches, cuando “salen los malandros”.
Mientras, Santiago Verdezoto, un adolescente de 13 años que reside en la zona rural de Nueva Loja, percibe la violencia de otra manera.
Relajado, sonriente y sin recelo, recuerda que su hermano le contó de un asesinato ocurrido “el viernes anterior” (finales de octubre).
“Shushufindi sí que es peligroso, aquí no es zona de sangre. Allá mataron a un hombre traspasándole un cuchillo de carnicero desde el estómago hasta la espalda. Mi hermano me lo contó.
La Policía llegó cuando estaba muerto; fue por venganza, dicen, y además, que pagaron para que lo liquiden”, narraba el joven mientras sus manos graficaban la historia.
Esos relatos son los que a Cristina Aguilar, dueña del negocio de ropa de bebé en el centro de la ciudad, la tienen con el corazón en la mano. “Antes solía decir aquel refrán de que ‘el que nada debe nada teme’, mas no es así, a veces pagan justos por pecadores”.
Para ella el mayor peligro es que la gente, a través de un papel, reciba amenazas de muerte, secuestro, robos y advertencias de todo tipo.
Operativos
La delincuencia violenta que registra Nueva Loja, en donde al menos existe un muerto por semana, obligó a la Policía de Sucumbíos a redoblar los operativos dentro y fuera de la ciudad. Así, desde mediados de octubre, la vigilancia en carreteras y calles se intensificó.
Víctor Hugo Cartagena, comandante provincial (e) de Policía, sostuvo que se implementó un escuadrón de carreteras, que en camionetas o motocicletas rondan a determinadas horas los sitios más conflictivos.
Una de esas zonas es Shushufindi; solo en esa población existen 60 policías, que en turnos de mañana y noche recorren la zona. En cada moto están dos personas y para el control vial fuera de la ciudad sale un equipo conformado por al menos ocho personas.
Revisión
En los operativos se revisan los documentos de identificación personal, del vehículo y de la mercancía en circulación.
En cada control, incluso, participa un perro adiestrado para detectar drogas.
Rondas
Los uniformados rondan las 24 horas del día en dos turnos. Sucumbíos cuenta con 600 policías y 12 oficiales, según datos de la Comandancia Provincial. En el 2007 los oficiales eran 23.
Denuncias
Hugo Cartagena, comandante provincial encargado de Sucumbíos, asegura que las denuncias más frecuentes son por robos en el mercado, pozos petroleros, burdeles y calles oscuras.