Lunes 10 de noviembre del 2008 Sucesos

Policías sortean dificultades en rondas de la madrugada

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En la carpa de la av. Domingo Comín y Pío Jaramillo los tres policías solo cuentan con una carabina para el control.

Los policías asignados a las carpas móviles del sur de la ciudad se turnan para utilizar la carabina Ruger que poseen para enfrentar a los delincuentes durante la madrugada.

Desde la 01:00 hasta las 07:00 los uniformados sortean dificultades. La más común es la falta de implementos.

Así, en la ciudadela Sopeña (sur) dos sillas plásticas donadas por una abuelita del sector sirve para que los policías descansen, al menos unos minutos, en las seis horas de labores.

Los dos policías, de los cuatro que ofreció el comandante Édison Romero (actualmente con licencia) para cada carpa, se distribuyen el sector para patrullarlo y conversar con los guardias de seguridad.

Solo cuentan con una radio para comunicarse con la central en caso de alguna novedad. Su jurisdicción, según dijeron, solo abarca la ciudadela Sopeña y en caso de existir algún problema en las zonas aledañas tienen la disposición de comunicarlo a la central, para que se designe a otro equipo.

Eran las 02:00 del martes pasado y el frío de la noche no les preocupaba, pues ambos son oriundos de la Sierra: Latacunga y Cuenca, respectivamente.

“Este vientecito nos ayuda a mantenernos despiertos porque ponemos la cara contra la brisa”, sostuvo el cuencano.

A las 02:30 llegó el primer bostezo, les gustaría un café, pero no tienen cómo preparárselo. En la carpa solo cuentan con un botellón de agua que compraron para hidratarse.

“Si queremos el baño usamos el de la gasolinera cercana, donde además los despachadores nos permiten  mojarnos la cara para no dormirnos”, contó el policía de Latacunga.

El panorama es similar en la carpa instalada en la av. Domingo Comín y Pío Jaramillo, donde tres agentes (dos policías y un cabo primero) son los encargados del resguardo nocturno.

El reloj marcaba las 03:10 y dos de ellos ayudaron a un ciudadano que pidió auxilio porque le robaron sus documentos por la avenida.

Los uniformados salieron en la moto a rondar el sector, pero no  hallaron a los ladrones. “El denunciante estaba un poco tomado”, dijo el jefe de patrulla.

Cuando llegaron se sirvieron agua del galón que estaba sobre la mesa de plástico, donada por vecinos del lugar.
“La gente del barrio nos ha tratado alhajita (bien). A veces nos regalan agua o cola y los chicos de la farmacia nos colaboran cuando tenemos que cargar la radio”, señalan.

Ellos están encargados de rondar el sector de Las Praderas y tienen claro que el tiempo de reacción ante una llamada de auxilio no puede tardar más de cinco minutos.

En el suburbio
En la carpa instalada en las calles 28 y la G, suburbio de Guayaquil, la reacción a las llamadas de auxilio es diferente y arriesgada, por tratarse de una zona peligrosa.

Los dos policías que estaban de turno a las 04:00 del martes pasado dijeron  que el control se realiza con precaución. Por lo general piden refuerzos para que envíe algún patrullero.

Ellos también cuentan con una carabina, arma con la que se sienten seguros.

En cambio, en la carpa de Portete y Quito los dos policías están inconformes porque no cuentan con sillas para sentarse ni un botellón de agua. Cada hora se turnan para ir al patrullero y descansar.
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