Pero el mayor premio que se llevó de esa experiencia fue haber conocido “lo más impresionante del mundo: las pirámides; asombra el misterioso traslado de las piedras gigantes para su elaboración. No hay fuerza humana, a mi manera de ver, que pueda haber movido esta inmensidad de rocas”, indica la artista.
Las pirámides la envolvieron en un mundo del ayer, según Astrid. “A pesar del intenso sol, entre las pirámides se siente una brisa fresca, como si fueran las voces de los faraones que te dicen: ‘aquí estamos y te damos la bienvenida a nuestra cultura y a nuestro singular mundo’. Es algo fantástico y realmente inigualable”, señala la soprano, quien en esa experiencia aprendió que la danza egipcia posee movimientos más rápidos y directos que aquellos que ha observado en las danzas árabes.
El concurso, que ganó con el tema Mágico mirar, de su autoría, fue en el balneario de Hurghada, que a una hora en avión desde El Cairo deslumbra por sus amplias avenidas y resorts turísticos al pie del mar Rojo, los cuales son especialmente visitados por turistas rusos y amantes del buceo, mientras que en El Cairo Astrid disfrutó de un crucero por el inmenso río Nilo. “Una tradición dice que quien beba un poco de sus aguas, seguro regresa”, indica la artista, que tiene 26 años de carrera profesional. “Algo que también me impresionó es el nivel comercial del centro de El Cairo (capital de Egipto), donde los almacenes trabajan las 24 horas, sin descanso, con una variedad inmensa de productos. Allá todo está en venta y hay muy buen trato por parte de los egipcios; ellos son chistosos, amigables y enamoradores al máximo”, bromea la reconocida artista.
La cultura egipcia es sumamente amigable y amable. “Como única representante de Latinoamérica en el concurso, realmente recibí un trato de reina, sentí un gran respeto hacia mi arte”. Y su arte es el arte de los ecuatorianos, el cual se impuso en Egipto a través de esta destacada soprano y admiradora de la magia del país de los faraones.