Hay que aprender a tener reacciones inteligentes ante un atraco. Shock, miedo o terror pueden surgir, pero es mejor mantener la calma.
Eran las 19:00. Lucía se encontraba en el volante dentro de su carro, detrás de tres vehículos, en el semáforo de la calle Capitán Nájera y Machala, en medio de mucho tráfico. De repente, su conversación telefónica se vio interrumpida por un aterrador golpe en la ventana del conductor, mientras que por su derecha una mano ya había roto con fuerza el vidrio. Su objetivo era sustraer la cartera que estaba sobre el asiento.
Ante esa escena, Lucía enloqueció. Aceleró su carro, se subió a la vereda y se metió a la calle Machala. Casi se estrella contra los buses. Incluso pudo haber matado a transeúntes, destrozado su carro y otros vehículos. Era su forma de reaccionar.
Pero ¿usted qué habría hecho en su lugar? Si no lo sabe, ya es hora de que lo averigüe. No solo para salvar su vida, sino la de sus seres queridos, amigos o acompañantes.
En Ecuador es común escuchar en la calle, en un hospital o supermercado las distintas experiencias que algunas personas han vivido al haber sido asaltadas: mientras manejaban, caminaban, en la oficina o en el hogar, entre otras.
Solo quienes han sido víctimas del o los ladrones pueden comprender el shock que produce un robo, quizás por la rapidez con que este hecho se comete, el cual va acompañado de agresión y amenazas soeces mientras los delincuentes muestran sus armas. Ante estas situaciones es importante que aprendamos cómo debemos reaccionar de manera inmediata para preservar nuestra vida.
Reacciones opuestas
La psicóloga clínica Mónica del Pilar Llanos dice que la mayoría de veces cuando se es asaltado se reacciona totalmente opuesto a lo que se pensaba o quería. Por un lado están todas las creencias espirituales y mentales que tenemos acerca de este tipo de acontecimientos y también sobre quienes los cometen.
Muchas de nuestras reacciones dependen del hecho y las circunstancias en las cuales se produce, pero sobre todo se vincula con el tipo de temperamento que se tenga, es decir, si es tranquilo o fuerte.
Generalmente adoptamos una postura frente a ello diciendo: ¡Si a mí me asaltaran, yo no me resistiría y dejara que se lleven todo! Otros comentan: ¡Yo grito y les pego! o ¡yo les doy un tiro!, entre otras.
Pero muchas veces, asegura la psicóloga, los nervios y nuestras emociones nos juegan una mala pasada. Si dijimos y pensamos que no mostraríamos resistencia al estar en una situación de asalto reaccionamos todo lo contrario y forcejeamos o insultamos, enfrentándonos a los ladrones. O si dijimos que los enfrentaríamos, terminamos no haciendo nada y tomando una actitud tranquila.
Reflejo de autodefensa
En el momento en que somos víctimas de un asalto o agresión se activa nuestro sistema nervioso y endócrino. Automáticamente usamos nuestros reflejos de autodefensa y es difícil predecir cuál será nuestro comportamiento real.
“Este tipo de incidentes hace que nos sintamos invadidos en nuestra intimidad, seguridad y nos toma por sorpresa. Por ello nuestra primera reacción es emocional más que racional”, asegura Llanos.
Pero cuando los incidentes se repiten por una segunda ocasión o más, nuestra experiencia previa nos prepara, pues ya hemos racionalizado el incidente y las reacciones en torno a ello; y a pesar de que siempre un hecho de esta naturaleza nos afecta, aquí va a depender del estado emocional en el que nos encontremos y cómo hayamos asumido y resuelto la primera vez que nos ocurrió, ya que de ella pudimos haber quedado muy afectados.
Ahora si la primera experiencia resultó traumática, la segunda va a profundizar las emociones y significados que hayamos asociado al incidente, lo cual afectará nuestras reacciones.
“La peor de todas las reacciones es tratar de hacerse el valiente y enfrentar al agresor, más aún si este se encuentra armado. Debemos entender que no estamos preparados para eventos traumáticos, entre ellos, la muerte”, dice el psiquiatra Juan Montenegro, quien es presidente de la Asociación de Psiquiatría del Guayas y jefe del departamento Médico Legal de la Policía Judicial del Guayas.
Él recuerda un caso producto de una mala decisión. “Un comerciante fue víctima de un asalto por dos sujetos que huyeron y quiso detenerlos, pero apareció un tercero, que lo mató de un disparo. La mejor reacción es pensar que las cosas materiales se las puede volver a obtener, pero la vida no”, agrega Montenegro.
Otro ejemplo lo narra Daniel Calderón, de 10 años. “Me estaba cortando el cabello en una peluquería en las calles Maracaibo y Washington cuando vi que dos ladrones entraban armados. Yo hice como si no conocía a mi papá para que no me llevaran. En ese momento no recordaba el número de teléfono de mi casa y cuando me tranquilicé, el peluquero llamó a mi mamá para que me fuera a buscar y le dijo que se llevaron a mi papá. Pero luego de unas horas él apareció muy nervioso y contó que ante las amenazas de los ladrones les había pedido que por favor lo dejaran en libertad para venir a buscarme. Por eso está vivo”.