Domingo 09 de noviembre del 2008 Política

En las cachinerías los informales defienden su oficio

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En los alrededores de Pedro Moncayo y Colón comerciantes expenden objetos usados.

Entre  máquinas de escribir destartaladas, piezas de sanitarios, llantas y otros artículos usados transcurren los días de Gustavo Quiñónez, parte de las decenas de comerciantes que laboran en la cachinería del suburbio de Guayaquil, formada por quienes emigraron del centro de la urbe tras la regeneración.

La compraventa de objetos a precios módicos es la práctica común en esta zona, pero desde el viernes pasado se desarrolla con intranquilidad. El anuncio del Ministerio de Gobierno de que se cerrarán estos sitios por considerarlos de expendio de mercaderías de dudosa procedencia, los mantiene alerta.

Vendedores asentados en la 24 y la D y calles aledañas defienden su trabajo. “No tenemos cosas robadas, son objetos viejos que nos traen, arreglamos y vendemos para ganar algo”, comenta Quiñónez, quien a sus 70 años asegura que nadie le daría oficio si pierde este.

Santo Murillo, otro vendedor, cree que las autoridades están equivocadas. “En la Bahía y otros sitios donde hay refrigeradoras, televisores en buen estado deben ir, no aquí que vendemos chucherías”.

Igual preocupación existe entre los cachineros de las calles Pedro Moncayo y Colón, y  alrededores. Entre ellos está Alfredo García, quien al no conseguir empleo como pintor vende ropa usada para ganarse $ 5 o $ 6 diarios.

“Aquí la gran mayoría somos profesionales, carpinteros, eléctricos, abogados, radiotécnicos, gente honesta. Estamos en este negocio porque no hay más. ¿Creen que nos gusta estar aquí y aguantar horas de sol?”, expresa indignado Segundo Mafra, otro informal, mientras muestra su mercadería y comenta que los objetos no son sustraídos, sino comprados.

Lo confirma Angélica Bolaños,  ama de casa que habita al sur de la urbe. El viernes anterior llegó a este sitio para vender ropa que sus hijos ya no utilizan a los informales, con el fin de obtener dinero para comprar arroz y otros víveres. “Aquí me sacan del apuro”, dice, y tras negociar se retiró con $ 3.

El temor a quedarse sin trabajo hizo que 40 vendedores de la zona se agruparan en la Fundación Bienestar y Desarrollo Comerciantes Informales Libres, creada el pasado 4 de noviembre, para  conseguir una audiencia en la Gobernación.

OPERATIVOS del SRI EN QUITO
Ayer el Servicio de Rentas Internas (SRI) convocó a la prensa para un operativo de “control y clausura de cachinerías”. Sin embargo, cerró doce locales de accesorios de celulares. Participaron fedatarios del organismo y miembros del Ejército.

Según Marcelo León, director de la regional norte del SRI, sobre estos negocios había la sospecha de que se vendían objetos “de dudosa procedencia”. Así, explica, se puede desalentar la circulación de productos robados. Algunos curiosos que se agolparon alrededor de las cámaras de televisión reprobaron los cierres, pues consideran que “allí no están los ladrones”. Otros aplaudieron la tarea.

Clausuras
El SRI tenía previsto clausurar ayer 16 locales en Quito, 15 en Guayaquil, 7 en Cuenca, 11 en Machala, 4 en Manta, 9 en Ambato y 2 en Portoviejo.  Para ello hubo 90 fedatarios.

Registro de origen
La entidad informó que esto se suma al plan de seguridad para cerrar cachinerías o sitios donde se expendan artículos que no cuentan con un registro legal de origen.

Siete días
Las clausuras de ayer regirán por siete días. Luis Guerra, empleado de un local sancionado, dijo que su actividad es legal y que presentarán las pruebas.

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