Si una vaga sensación de fines de los 70 lo ha estado molestando, no es el único. No es sólo que, con la economía en depresión, hay paralelos entre las Administraciones Bush y Carter.
El ámbito de la ropa para hombres también lo percibe. Hojee las páginas de un ejemplar de GQ de hace 30 años y se topará con tendencias familiares.
La revista proclamó a 1978 “El Año del Short”. En la portada de mayo, un modelo lucía una “mascada de verano” y, en noviembre, los pantalones de hombre estaban metidos en botas altas para exteriores.
Para el otoño, la revista celebraba un choque de capas, texturas y colores que envolvían un sentido europeo de sofisticación en un look casual 100% estadounidense. Todas ellas son tendencias de la moda actual.
Este momento de “fin de los 70” fue la culminación del despertar del estilo desgarbado llamado Peacock Revolution, que inició en Inglaterra una década antes. Hoy, al final de esta década, la moda masculina, tras años de adoptar tentativamente cosas como chalecos y sombreros tipo fedora en nombre de la metrosexualidad, se vuelve declaradamente estilizada y sofisticada. Este impulso es movido cada vez más por una generación joven que hoy disfruta ir de compras, al percibir un menor estigma asociado a ello que los varones mayores de 40 años, según arrojó un sondeo de septiembre publicado en DNR, semanario de la industria de la ropa para hombres.
La ropa de este otoño quizá parezca pecar de precavida, pero esas luce mejor cuando uno considera cuán confiadamente las combinan ahora los hombres, para elaborar sus propios postulados.
Una vez más, esto es un reflejo del cambio de hace 30 años, cuando una generación de diseñadores incipientes, muchos de ellos estadounidenses (como Calvin Klein y Ralph Lauren) empezaron a poner énfasis en la idea de un “estilo de vida” en lugar de intentar atraer a los varones hacia ropa de “alta moda” proveniente de Europa.
Así que no es de sorprender que los diseñadores y árbitros de la moda han estado consultando las guías de la moda de esa época: copias vintage de GQ y los libros de culto de Charles Hix: Looking Good (1977, con fotografías tomadas por Bruce Weber), Dressing Right (1978) y Working Out (1983).
Bill Cournoyer, vicepresidente de ropa a la medida para hombres en Barneys New York, compró varias copias antiguas de GQ en eBay hace unos meses. “Eran del 77, 78 y 79 que andaba buscando”, comentó.
“Hay una condición y sensibilidad en ellas que es aplicable en la actualidad”, dijo. “Es como clásico. Todo tiene que ver con capas, hay cierta masculinidad en las telas y colores, y una riqueza en los tonos caqui y arena, en la mezcla de accesorios y en todas las mascadas de gasa que todo el mundo usa hoy”.
Diseñadores como Tom Ford y Michael Bastian acentúan looks clásicos con un giro moderno.
“Tengo esos libros de Charles Hix”, indicó Bastian. “Algo de ellos se ha introducido en cada una de las colecciones. No es sólo la ropa, es la vibra, que era supermasculina.