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Amor, sexo y el cambiante paisaje de la infidelidad

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Noviembre 09, 2008

Por TARA PARKER-POPE

Si engañara a su pareja, ¿se lo admitiría a un investigador? Esa pregunta plantea uno de los mayores retos en el estudio científico del matrimonio y ayuda a explicar por qué los estudios arrojan cálculos distintos de la infidelidad en Estados Unidos.

Es probable que las encuestas realizadas en persona tiendan a subestimar el índice de adulterio real, porque la gente se muestra reacia a admitir tal comportamiento no sólo a su pareja, sino también a cualquier otra persona.

En un estudio dado a conocer el verano pasado en la Revista de Psicología Familiar, investigadores de la Universidad de Colorado y la Universidad Texas A&M encuestaron a 4.884 mujeres casadas mediante entrevistas en persona y cuestionarios computacionales anónimos.

En las entrevistas, sólo 1% reconoció haber engañado a su esposo en el año anterior; en el cuestionario computacional, la cifra ascendió a más de 6%.

Ahora, un puñado de estudios nuevos sugieren cambios sorprendentes en el paisaje matrimonial.

La infidelidad parece estar al alza, particularmente entre los hombres mayores y las parejas jóvenes. De forma notable, las mujeres parecen cerrar la brecha del adulterio: las jóvenes parecen engañar a sus parejas casi tan seguido como los hombres.

“Si te limitas a preguntar si la infidelidad está en aumento, no constatas cambios realmente impresionantes”, expresó David C. Atkins, profesor asociado de investigación del Centro para el Estudio de la Salud y los Comportamientos Riesgosos de la Universidad de Washington. “Pero si amplias la fotografía y empiezas a considerar grupos específicos de género y edad, empiezas a constatar cambios bastante significativos”.

Los datos más consistentes provienen de la Encuesta Social General, patrocinada por la Fundación Científica Nacional y con sede en la Universidad de Chicago, que ha recurrido a una muestra nacional representativa con el fin de llevar un seguimiento de las opiniones y los comportamientos sociales de los estadounidenses desde 1972. Los datos de la encuesta arrojan que, en cualquier año, casi 10% de las personas casadas, 12% de los hombres y 7% de las mujeres, sostienen haber tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio.

Un análisis detallado de los datos para el periodo de 1991 a 2006, que Atkins presentará este mes en la conferencia de la Asociación de Terapias Conductuales y Cognitivas, en Orlando, arroja algunos cambios sorpresivos. Varios investigadores de la Universidad de Washington han encontrado que el índice general de infidelidad para los hombres de más de 60 años aumentó de 20% a 28% entre 1991 y el 2006. En lo que corresponde a las mujeres de más de 60 años, el aumento es impresionante: del 5% a 15% en el mismo periodo.

Las teorías acerca del motivo por el cual más personas parecen ser infieles varían. Entre las personas mayores, una variedad de medicamentos y tratamientos nuevos facilitan la actividad sexual, y en algunos casos, la infidelidad. Está el Viagra y demás remedios para la disfunción eréctil, los suplementos de estrógeno y testosterona para mantener el apetito sexual y la salud vaginal, y mejores prótesis de cadera.

Sin embargo, son los cambios aparentes en materia de la fidelidad femenina los que han resultado de mayor interés para los investigadores. Helen E. Fisher, investigadora y catedrática de antropología de la Universidad Rutgers, y autora de libros sobre las bases evolucionarias y biológicas del amor y el sexo, señala que la infidelidad es común en todas las culturas y que no existe evidencia de que las mujeres pertenecientes a sociedades cazadoras y recolectoras fueran menos adúlteras que los hombres. La brecha en materia de fidelidad puede explicarse más por presiones culturales que por alguna diferencia real en el apetito sexual. Los hombres con múltiples parejas son vistos como varoniles, mientras que las mujeres son consideradas promiscuas.

Históricamente, ellas han permanecido aisladas en granjas o en casa con los hijos, lo que les brindó menos oportunidades de ser infieles.

Hoy, sin embargo, las mujeres casadas tienen más probabilidades de quedarse tarde en la oficina y viajar por motivos de negocios. Y aun para las que permanecen en casa, los celulares, el correo electrónico y los mensajes instantáneos parecen permitirles forjar relaciones más íntimas, de acuerdo con terapeutas matrimoniales. Frank Pittman, psiquiatra de Atlanta especializado en terapia familiar y de pareja en crisis, afirma que ha observado que más mujeres hablan de aventuras extramaritales que giran en torno al contacto “electrónico”.

“Veo un panorama cambiante en el que existe menos énfasis en el sexo que en la apertura, la intimidad y la revelación de secretos”, expresó Pittman. “Todo el mundo habla por celular y la relación evoluciona porque te alejas cada vez más de la persona a la que le mientes”.


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