Wall Street podría aprender una lección de las pasarelas de la moda: la transparencia está de moda, lo opaco, se acabó.
En París, modelos en enteritos color carne abrieron el desfile del 20° aniversario de Martin Margiela.
En la semana de la moda de Nueva York, a comienzos del otoño, las modelos se exhibieron en prendas transparentes de diseñadores como Marc Jacobs y Derek Lam.
“Sentimos que habíamos estado rodeados de algo tan restrictivo en estos últimos años que quisimos empezar con la idea de levedad para esta temporada”, dijo Alex Adams, un diseñador a Eric Wilson de The New York Times.
En una era en que la gente parece querer mostrar y ver todo, en que los detalles de las altas finanzas, los sueldos de los compañeros de trabajo y hasta los códigos genéticos están abiertos al ojo público, algunos se preguntan: ¿El mundo realmente está abierto para ser más abierto? Tal vez debería estarlo.
Fue precisamente una falta de transparencia lo que metió en problemas al sistema financiero mundial, con sus complicadas carteras de títulos y valores derivados tan opacos como un par de calzas negras de invierno.
En Noruega, por otra parte, funcionarios del fondo público de inversiones del país, que ya lleva 10 años, atribuyen gran parte de su éxito a la transparencia. El fondo es el segundo más grande del mundo con más de US$ 400.000. “Si se divulga detalladamente, no hay dónde esconderse”, dijo Yngve Slyngstad, directora ejecutiva, refiriéndose a las inversiones en un artículo de Gregory Roth.
“Los resultados son visibles.” Lo mismo está pasando en una cantidad cada vez mayor de rascacielos de vidrio en el mundo entero. Abu Dhabi y Shanghai ilustran la tendencia hacia la visibilidad.
“La transparencia es la consigna arquitectónica. Está casi garantizado que aparezca en toda referencia a las estructuras contemporáneas”, escribió David Dunlap de The New York Times. En Pekín, las oficinas de la dirección de la televisión estatal CCTV de Rem Koolhaas tienen mirillas de vidrio. “El personal y los visitantes se mueven en paralelo, pueden observarse, pueden encontrarse y reunirse”, dijo Ole Scheeren, socio a cargo del proyecto.
Pero la visibilidad puede llegar más lejos –a las cifras de la nómina de empleados. Lisa Belkin de The New York Times escribe que “hay indicios de que la negociación salarial avanza hacia una mayor transparencia”.
Han brotado sitios como Glassdoor. com y blogs en Internet promocionando la idea de transparencia salarial. Empleados de empresas como WorldBlu en Texas, que defiende “trabajos democráticos” saben cuánto ganan otros. “Si a los individuos se les paga lo que valen, no hay razón para que se sientan incómodos compartiendo información sobre sueldos”, dijo Traci Fenton, de WorldBlu.
Ahora es posible no sólo saber los números de otros, sino también sus letras –los ACTG (ensayos clínicos del sida)– o su código de ADN. A medida que las pruebas genéticas se abaratan, más gente paga por conocer su genoma y poner sus resultados online, según un artículo de Allen Salkin. Amy Harmon de The Times habló del Proyecto Genoma Personal en la Facultad de Medicina de Harvard, que apunta a “cuestionar la idea de que es mejor que guardemos los secretos de nuestros genes”.
Sergey Brin, cofundador de Google y marido de Anne Wojcicki, cofundadora de 23andMe, revelaron en el blog que Brin tiene un riesgo superior a la media de desarrollar mal de Parkinson. “Uno tiene muchas más posibilidades de aprender algo útil si no trata de ocultarlo”, dijo.
Si ese “algo” es el ADN o inversiones espinosas, abrirse puede ser catártico y consolador. O, como dijo Robert Hohman, fundador de Glassdoor.com, el sitio sobre salarios:
“La información es buena y más información es mejor”.