Sábado 08 de noviembre del 2008 Cultura

Una dama que espera

CRISTIAN CORTEZ cristian_cortez@yahoo.com

Tres sillas y el retrato de un hombre, carcomido por el deterioro, son los únicos elementos sobre el escenario, que recibe a los espectadores desnudo, expuesto, vulnerable. De pronto, irrumpe ella: altiva, aristócrata, alicaída; arrancada de otro tiempo, de otro mundo; a contarnos su vida, a revelarnos su diario, sus más íntimos deseos.

Se trata de Diario de una dama neoyorkina, interpretado por el actor riobambeño Jorge Mateus, del grupo Callejón del Agua, y  presentado en el MAAC Cine (Malecón y Loja) desde el jueves pasado.

Con un dosificado movimiento escénico con tendencia más bien a lo estático, esta dama cuenta sus más guardados secretos, sus miedos, su historia, aderezada con exquisitos temas musicales en catalán, portugués, inglés y en español, refinados gustos de una dama de tan alta alcurnia.

La escasez de movimiento se debe, tal vez, a que este unipersonal fue inspirado de una instalación de Edward Keinholz, en Nueva York, en la que colocó el esqueleto de una mujer (dama) sentada en una silla esperando; imagen tan fuerte como sugerente que fue suficiente para provocar el unipersonal inspirado en cuentos de Doroty Parker y otros más de marcado corte feminista.

¿Quién es el personaje? ¿Una dama aristócrata? ¿Una momia? ¿Una mujer ahombrada, aporreada por el tiempo?  ¿Un travesti? ¿Qué quiere decir?
¿Qué se puede vivir de recuerdos? ¿Qué se puede morir esperando? ¿Qué la vida es miserable independientemente del género o la clase? La aparente y discriminada ausencia de acción estaciona al espectador en el tiempo, que al igual que la dama, espera –esperamos– nos llene la cabeza de sus historias, de sus fantasías, de lo que le da sentido y significado a su existencia que trasciende al personaje y al actor.

Así Jorge Mateus muestra el producto de más de diez años de trabajo, donde lo hizo todo: dramaturgia, dirección, producción y actuación.
Descubre sus inquietudes, los temas que lo obsesionan, sus fantasmas; que se cristalizan en una sólida propuesta. Y al final el público, tan petrificado como la dama, solo queda a la espera... de más. Hoy, a las 20:00, hay una última función de esta pieza. La entrada es gratuita.
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