La gente de letras del Ecuador está indecisa. ¿Qué rumbo toma el 24 de noviembre si en esa misma semana se desarrollarán dos grandes convocatorias literarias? La primera en Cuenca con motivo de realizarse el X Encuentro de Literatura Ecuatoriana Alfonso Carrasco Veintimilla, que por cierto cumple este año su tercera década, habiendo conseguido mantenerse superando toda clase de luchas.
La segunda es la Fiesta de la Cultura, así nombrada por el Ministerio de ese rango, una feria de libros que da acogida a una respetable cantidad de escritores extranjeros que combinados con los nacionales se moverán dentro de los habituales actos de contacto con el público: mesas redondas, debates, conversaciones, presentaciones de libros. Y que asegura movilizar diferentes estamentos del arte en Quito y Guayaquil, para ponernos a los favorecidos habitantes de esas dos ciudades, en realidad, de fiesta.
Cuenca tiene una tradición muy respetable en ese encuentro que ha probado de muchas maneras ser la cita más importante de este país, en lo que tiene que ver con literatura. Las nueve reuniones anteriores nos pusieron a conversar con seriedad y firmeza sobre la salud de la producción literaria ecuatoriana en todos los géneros; nos hicieron preparar con mucha antelación los pronunciamientos que nos merecían autores, épocas, corrientes, líneas de composición que iban de lo ilustrado a lo popular, que ensayaron lecturas críticas diferentes. Recuerdo que para alguno de ellos hice mi primera aproximación sobre personajes femeninos desde perspectiva ginocrítica. La ciudad se toma tan en serio esa convocatoria que desde la Municipalidad, la Universidad de Cuenca y la Casa de la Cultura, Núcleo del Azuay, aúnan esfuerzos para que la semana sea acogedora y productiva. Lo consiguen perfeccionándose en cada cita.
Ahora que contamos con el Ministerio de Cultura es natural recibir de ese ente –a pesar de cuán lento ha sido en ponerse a andar– los beneficios de una granada actividad cultural que, para satisfacción de los letraheridos, toma muy en cuenta a la literatura (véase la colección de publicaciones que semana a semana saca a la calle, en el precio más bajo que se pueda imaginar, obras de gran representatividad literaria). Los dos ministros que se han ocupado de él son escritores, por tanto, debe serles especialmente significativo trabajar por la suerte del libro y la lectura en el país. Homenajear a Pareja Diezcanseco en su centenario luce como el trasfondo de rigor para un movimiento de magnitud como es el que se prepara para la última semana de este mes.
Esa cierta idolización en la que caemos frente al ser-humano-escritor se ve recompensada cuando escuchamos a los autores discurrir, de cuerpo y voz presente, sobre su propia obra; por eso es buena noticia que personas como Paco Ignacio Taibo, William Ospina y Pedro Lemebel –para mencionar a algunos que no conozco personalmente– sean visitantes activos de la Fiesta-Feria. Y como también se ofrecen un Encuentro de cineastas de Latinoamérica y un Encuentro de cronistas: de la realidad a la imaginación, la vida de los interesados se volverá una locura en la posibilidad de asistir a tanta actividad interesante.
Pero vuelvo a mi pregunta inicial, ¿por qué en la misma semana del X Encuentro de Cuenca? Estos actos requieren de organización muy anticipada. El cruce de fechas resulta imperdonable.