sábado 08 de noviembre del 2008 Columnistas

‘Escucho vuestras voces’

Leía en días pasados que solo en Estados Unidos, la nación indispensable para los que la aman (hay tantos) y para los que la odian (hay tantos), se podría haber dado una elección con las características tan históricas y tan simbólicas como la que se dio el pasado martes con la designación de Barack Obama como su nuevo gobernante. Seguramente por tales razones, varios de quienes pregonaban la decadencia absoluta del imperio, especialmente en Europa, se inclinan ahora asombrados ante la lección democrática dada por un pueblo que hasta hace apenas pocas décadas mantenía la segregación racial como una barrera infranqueable.

En todo caso, quiero referirme al excelente discurso que luego de haberse conocido los resultados de la votación, dio Obama en el Grant Park en Chicago ante miles de simpatizantes; y es que entre varias referencias que hizo, hubo una especialmente significativa y aleccionadora para países como el nuestro, en el cual la confrontación y la crispación parecen ser motivos fundamentales del ejercicio de poder. Obama dijo: “Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente también”. Él conocía, mejor que nadie, lo que estaba tratando de dejar muy en claro.

Se puede argumentar que en la noche de la victoria, el ganador se anima a cualquier cosa, incluso a afirmar que va a escuchar las voces de quienes no votaron por él.  Hay varios ejemplos de gobernantes que han prometido lo mismo para hacer exactamente lo contrario, es decir, dedicarse a una política llena de exclusión y desprecio hacia quienes no están de acuerdo con su línea de pensamiento y acción. Pero justamente ahí radica la diferencia e incluso la grandeza de un estadista, es decir, de aquel mandatario que gobierna no solo administrando y atendiendo las simpatías de sus seguidores, sino también las voces y sugerencias de aquellos que han sido sus contradictores.

Señalaba que la referencia de Obama en el sentido de escuchar las voces de quienes no habían estado con él y de ser también presidente para ellos, dejaba –sin querer– una reflexión muy sugerente a varios gobernantes latinoamericanos, en momentos en que el aprovechamiento de la polarización se ha convertido casi en religión política con beneficios electorales muy marcados. Porque al contrario de lo que pregona Obama, lo que se hace en la región es más bien satanizar, despreciar y ridiculizar el argumento contrario. Se puede decir que la realidad política estadounidense es muy distinta y que por lo tanto exige la necesidad de bajar las tensiones para no romper lo que ellos llaman el  establishment,  pero más allá de cualquier argumento, lo que dijo esa noche Obama nos recuerda que las voces contrarias también suman, por más que no terminen siendo coro.
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